¡Hola a todos! Este es un espacio creado para contar historias acerca de cambios. Un cambio siempre viene bien.
miércoles, 10 de junio de 2026
sábado, 23 de mayo de 2026
miércoles, 20 de mayo de 2026
lunes, 11 de mayo de 2026
martes, 14 de abril de 2026
miércoles, 8 de abril de 2026
jueves, 12 de marzo de 2026
jueves, 5 de marzo de 2026
Fan obsesivo
Y con esto concluimos la primera temporada de "La Granja VIP", ¡Muchas gracias a todos! Nos vemos en la próxima — Adal, el presentador de TV decía con entusiasmo, cerrando la transmisión.
Y junto con la transmisión, también la televisión se apagaba, dejando la pantalla en negro, reflejando a un hombre sentado en un sillón con los pantalones abajo y un pene erecto.
— ¿Concluir? No, esto no puede concluir aun. Yo no he concluido contigo, Kim. — Sebastián decía con un tono de frustración mientras pasaba lentamente su mano derecha por su pene, frotándolo mientras veía hacia la nada. — Esto no se acaba, tú eres mía, Kim. No sabes lo que tengo planeado para ti.
Sebastián era un hombre de 34 años, quien desde hace 5 años se había convertido en fan de la influencer Kim Shantal.
Al inicio solamente se dedicaba a ver los videos de su canal de Youtube, siempre dando like y comentando para enviarle saludos. Si bien al inicio sus comentarios eran ignorados, todo cambió un día en el que recibió una notificación: "KimShantal le dio Me gusta a tu comentario" acompañado de un mensaje de la influencer respondiéndole "Saludos, gracias por apoyarme".
Esto fue un parteaguas para Sebastián, y ese se convirtió en su momento favorito, pues su ídola había notado su existencia, y desde eso comenzó a seguirla en absolutamente todo lo que ella hacía.
Al inicio todo era admiración, no solo por su belleza física sino por su carisma, sencillez y personalidad. Él sonreía cada que su celular sonaba con una notificación relacionada a ella. Y con el tiempo esta admiración comenzó a crecer más, al punto de rozar los límites de lo saludable.
Con el tiempo Sebas se quedaba por horas en el sillón, mirando fotos de la influencer, imaginando escenarios en donde los dos se conocieran y él pudiera invitarla a salir. Y junto con las fotos, también se quedaba mirando la notificación de aquel día en el que tuvo una respuesta, que para cualquier persona hubiera resultado un saludo genérico, aunque para él significaba que ellos dos estaban destinados a estar juntos.
Incluso algunos amigos de Sebas comenzaron a mostrar preocupación por él, pues esta extraña obsesión hacía que él solamente quisiera hablar de ella todo el tiempo, convirtiéndose en su único tema de conversación. Lo cual hizo que con el paso de los meses sus amigos se fueran alejando poco a poco hasta terminar siendo un sujeto solitario que pasaba el día en cama masturbándose con las fotos y videos de ella.
Esta admiración empezó a quedar corta, con Sebas queriendo saber cada vez más acerca de ella. Si bien en sus videos ella mostraba su forma de ser y hablaba de sus gustos, Sebastián quería saber cada mínimo detalle de ella, desde qué hacía al despertar, cómo elegía su ropa, hasta saber qué estaba pensando. Esto empeoró cuando ella anunció que abriría un Onlyfans, en donde compartiría material íntimo y exclusivo. Por supuesto, Sebastián fue uno de los primeros subscriptores y uno de los "fans" más activos en esta plataforma. Logrando obtener interacciones con ella al ser uno de los que más dinero ofrecían a cambio de su atención. Con el tiempo, Sebas se quedaba cada vez más horas frente a la pantalla, esperando la respuesta de ella luego de que él mandara a veces un simple "hola", el cual cuando era respondido, era hasta el día siguiente. Él se aferraba a querer mantener conversaciones con ella, pero Kim era una mujer ocupada y no siempre tenía tiempo para atender a sus fans.
Esto hizo que Sebas comenzara a desanimarse, ya que sentía que su amor no era correspondido como él quería, e incluso comenzara a tener cierto rencor hacia ella. Sus mensajes pasaron de ser amorosos y llenos de cariño a ser mensajes con tonos pasivo-agresivos
Kim notó esto, tomando cartas en el asunto, teniendo una conversación breve con Sebastián, en donde ella le dejó claro que no tendría tolerancia con esos comportamientos.
SebasPL94: Hola KimSebasPL94: ¿Ya me vas a contestar?KimShantal: Holis... ¿Cómo estás, cariño? Disculpa estuve ocupadita.SebasPL94: Muy ocupada para mí, no? Llevo horas esperando!
KimShantal: Ay, super sorry, como te dije estuve muy ocupadita pero ya ando aquí bebé
SebasPL94: Ya era hora! A ver qué tanto hacías?
KimShantal: Oye, mejor cuida ese tonito, ¿qué te ocurre?
SebasPL94: Ningún tonito Kim llevo HORAS aquí y solamente te ríes, de vdd no puedo contigo!
KimShantal: Si vas a seguir así, mejor ve a molestar a otra persona, yo no permito que nadie me hable así.
SebasPL94: Deberías agradecerme, soy uno de los que más dinero te dan y a ti te da igual, maldita perra!
KimShantal: Vete alv wey, no te debo nada, yo no vivo de esta plataforma y solo quiero hablar con mis fans de vez en cuando.
SebasPL94: Oblígame, yo te doy dinero y tú me debes corresponder, mínimo mándame una foto de tus tetas, no?
KimShantal: Vete alv cabrón!
Tras esto, Sebastián fue vetado del perfil de Kim, lo que hizo que comenzara a sentir rencor en su interior, comenzando una campaña de hate hacia ella, creando perfiles falsos y dejando comentarios negativos en todas sus plataformas. Aunque esto no lograba nada pues no muchos le hacían caso y la propia Kim se encargaba de bloquearlo una y otra vez.
Sebastián comenzó a ser más intenso, creando cada vez más cuentas para poder estar atento a lo que Kim hacía. Y empeoró cuando se enteró que ella entraría a un Reality Show llamado "La venganza de los ex" en donde estaría conviviendo con otros chicos y el público tendría acceso a verla en su lado más atrevido. Durante esas semanas, Sebastián comenzaría a tener más relevancia dentro del universo de Kim, pues con sus cuentas mandando hate a la influencer, algunos de sus "rivales" empatizarían con él, haciendo que Sebas se empezara a sentir importante para ella. Él no se perdía cada semana el programa esperando cada aparición de ella, listo para compartir mensajes en su contra. Aunque lo que todos desconocían es que detrás de ese hate había un fan perturbado que se masturbaba cada vez que ella salía a cuadro en pantalla. En especial porque durante este reality, Kim se besó apasionadamente con más de un participante e incluso llegó a tener sexo a pesar de haber cámaras grabándola. Sebastián miraba las escenas con enojo y envidia al mismo tiempo. Envidia no ser él quien estuviera en esa cama con ella y enojo por cómo se dieron las cosas entre ellos tiempo atrás, enojo por no ser parte de la vida de ella y por cómo ella podía vivir tan tranquila.
Luego de terminar el reality, Kim decidió mantener un perfil bajo, limitándose a videos ocasionales y lidiando con los perfiles de haters, que la mayoría eran del propio Sebas. Aunque al no tener mucha actividad, él también dejó de estar tan al pendiente de ella.
Luego de un par de años, Sebastián fue dejando a un lado esta etapa de hater, dejó de seguir a Kim y se dedicó a seguir con su vida. Pero el destino no había dicho la última palabra, y un desatinado día se encontraba de visita con una tía, quien le pidió que encendiera la televisión porque iba a comenzar su programa. Sebas obedeció y la encendió, esperando ver algún programa aburrido, pero en su lugar vio la intro de un nuevo reality show llamado "La Granja VIP" en donde se mostraban a los participantes. Él se quedó viendo a los famosos que iban pasando uno por uno, hasta que su corazón se detuvo por un segundo cuando escuchó: "Y ahora con ustedes, ¡Kim Shantal!"
— ¿Escuché bien? ¿Dijeron Kim? — Sebastián preguntó exaltado a su tía.
— Sí, no sé quien sea esa niña, se ve que es tremenda, ¿eh? — La tía dijo en tono serio con una mueca.
— Sí, lo es. Es detestable. — Sebas respondió de vuelta con un tono seco que llevaba rencor. Sin embargo por dentro su corazón se aceleraba al ver a aquella mujer en la pantalla, sonriendo mientras saludaba a la cámara. — Y este programa... ¿sobre qué es? — Preguntó Sebas fingiendo desinterés.
— Es como "La casa de los famosos", pero están en una granja, van a estar ahí 24/7.
— ¿24/7? Y puedes verlos siempre? — Sebas preguntó abriendo los ojos y con una sonrisa que le costó disimular.
— Sí. Ay hijo no me digas que vas a verlo por esa niña, ni está tan guapa eh, mírala toda llena de tatuajes y operada — La tía contestó.
— No, para nada — Negó Sebastián, aunque por dentro sentía que algo había despertado nuevamente. Esa llama que encendía su obsesión enfermiza con ella.
Al día siguiente, Sebastián contrató la plataforma para tener acceso 24/7 y poder observar a Kim todo el tiempo. Sentía una emoción por dentro al poder observarla siempre, desde que se despertaba hasta que se iba a dormir, incluso hasta en la madrugada mientras ella dormía.
Sebas retomó sus cuentas de hater para comenzar olas de odio hacia ella, pero luego de unos días ya no sentía la misma emoción de tirar odio hacia ella como antes. Él no entendía qué estaba pasando, ya que antes disfrutaba ver cómo los demás hablaban mal de ella y ahora no tenía el mismo sentimiento, incluso sentía que debía estar al pendiente de ella por su propio bien. Su obsesión pasó de ser confundida con odio a ser confundida con amor.
Mientras las semanas pasaban, él continuaba mirando a Kim todos los días, al punto de alejarse por completo de todas sus amistades que había recuperado poco a poco. Incluso se alejó de su familia y renunció a su empleo para poder estar el mayor tiempo posible ante la pantalla, observando a la chica.
Ante cada interacción de ella con otros participantes, Sebas estudiaba cada palabra, cada significado entre letras, su tono de voz, miraba los ademanes de ella, la forma de acomodar su ropa, la forma de peinarse. Incluso en su soledad, Sebastián comenzó a imitarla, tanto su tono de voz como su forma de caminar.
Se compró ropa similar a la que Kim utilizaba, como sus pijamas o incluso blusas y vestidos, y los usaba al mismo tiempo que ella para poder sentirse lo más cercano posible. Esta obsesión que él llamaba amor se había transformado a un sentimiento de envidia. Él ya no deseaba estar con ella, ahora él deseaba ser ella.
Incluso en algunas de sus redes sociales decidió cambiar su foto de perfil por una foto de Kim. Sus cuentas de hate las transformó en cuentas que se dedicaban a hablar sobre ella y pidiendo opiniones sobre cuál era el outfit que mejor le quedaba. Su mente comenzó a pudrirse más al estar tanto tiempo en solitario, y esto alimentaba su obsesión de querer ser ella.
Y en las ocasiones en que Kim corría el peligro de ser eliminada, para Sebas era un deleite poder ver cómo entrevistaban a los amigos y familiares de la influencer, analizando la dinámica y cómo se comportaba el círculo cercano a Kim. Al punto de llamar a la madre de Kim como si fuera su propia madre.
Para él, vestirse, hablar como ella y tener su foto en redes no era suficiente, él sentía la necesidad de tener su vida, pero ahora sin empleo y siendo un hombre solitario que vivía en una casa cada vez más sucia, se veía como algo imposible. Kim era una mujer que con los años había consolidado negocios además de crear contenido que le había asegurado una vida cómoda y lujosa, rodeada de gente exitosa.
Y era peor cuando le llegó una notificación acerca de que en unos días su servicio de luz e internet serían cortados por falta de pago, y su renta acumuló el retraso suficiente para que el dueño considerara desalojarlo en cuestión de semanas.
Aprovechando sus últimas oportunidades, Sebastián se dedicó a investigar en las profundidades del internet, buscando una manera de poder cambiar su vida para siempre, y si podía hacer algo respecto a Kim sería mejor. Pasó por todo tipo de foros, en donde se enteró del concepto del BodySwap y la Posesión de cuerpos, lo que lo dejó fascinado al imaginar cómo sería poder cambiar su vida con la de Kim y finalmente cumplir su mayor fantasía.
Sin embargo solamente se encontró con personas que hablaban a manera de Juegos de Rol e historias fantasiosas. Él necesitaba algo real que le pudiera asegurar que esto existía, así que se adentró a la parte más oscura, accediendo a foros prohibidos en la Deep Web.
En estos sitios, él soltó varios pedidos de ayuda, y un día inesperado obtuvo respuesta. Un usuario anónimo le comentó acerca de rituales oscuros y prohibidos que llevaban un alto costo, pero podían ayudar en lo que él deseaba.
Utilizando lo último de sus ahorros, Sebas entabló una larga conversación con este usuario, quien entendió lo que Sebastián quería, asegurando que era una práctica común en círculos privados de la alta élite, sin embargo había maneras de que una persona común y corriente pudiera hacerlo.
Luego de un día, Sebastían recibió un mensaje codificado que contenía las instrucciones de un ritual en el que podría manipular el alma de dos seres para hacerlos cambiar de cuerpo.
Tras recibir estas instrucciones, el usuario habló nuevamente con Sebas, mencionando que requerirían una suma importante de dinero. Sebas aseguró que no contaba con dicha cantidad, pero la persona anónima le dijo que de realizar con éxito el ritual, tendría más dinero del que habría imaginado, por lo que esa suma sería insignificante. Así que en caso de no tener éxito y con la falta de dinero, su "vida física" sería la menor de sus preocupaciones, asegurando que hay destinos peores que la muerte.
Teniendo esto en cuenta, Sebas estudió hasta el más mínimo detalle cada parte del proceso, consiguiendo todos los materiales, haciendo cada paso al pie de la letra. Un proceso que llevaría cerca de una semana, con actividades a realizar todos los días.
Todo esto sin quitar el ojo de Kim, a quien continuaba observando en su pantalla. Ensayando cada uno de sus ademanes, practicando sus peinados con pelucas e intentando vestir las blusas que ella tenía sin éxito debido a la diferencia de sus medidas.
Luego de una semana, Sebastián estaba listo. Él había completado todos los pasos e incluso había logrado expulsar su alma durante unos segundos en una práctica para asegurarse de que todo era real. Aunque luego de esa "práctica" él quedó extremadamente agotado y casi termina teniendo un infarto, por lo que decidió reservar el siguiente y último intento cuando tuviera a aquella mujer en frente.
Al pasar las últimas semanas de reality, Sebas miró como todo el show terminaba y ella regresaba su vida normal, pero esto era el inicio del plan macabro del hombre.
En la fiesta para celebrar el final de reality, Kim estaba contenta, recibiendo elogios y felicitaciones por parte de la gente, pero en el fondo comenzó a sentir un mal presentimiento. Pese a esto, ella decidió seguir divirtiéndose con sus compañeros, bebiendo y bailando toda la noche.
Horas más tarde, en la madrugada, Kim llegó a su casa con la vista cansada por el agotamiento y el alcohol. Caminó hasta llegar a su cocina, abrió el refrigerador pero estaba casi vacío.
— Dah, qué bruta, lo dejé vacío porque me iba a largar a ese programa. Aunque no recuerdo dejar estos pepinos aquí. — Dijo entre risas. Luego vio una botella de agua y se sirvió un vaso que se sintió bien tras la noche de fiesta. — Oh Dios, ¡hoy amaneció muy rica el agua!
Mientras caminaba hacia su cuarto, Kim se detuvo para cerrar una ventana ya que la noche era fría y el viento se estaba colando. Justo antes de entrar a su cuarto ella se dio la vuelta para entrar al baño y echarse un poco de agua en la cara y tallarse los ojos, mientras comenzaba a desabrocharse su vestido para ponerse más cómoda.
Mientras continuaba quitándose poco a poco el vestido ella salió del baño y finalmente entró a su cuarto, cerrando la puerta. Pero entonces sintió un escalofrío recorriendo su espalda al darse cuenta de que había alguien acostado en su cama. Por un segundo creyó que se trataba de su novio que había querido sorprenderla y se disponía a regañarlo, pero al encender la luz su corazón se aceleró a mil por hora al ver que se trataba de un hombre obeso que se estaba masturbando.
— ¡¿Quién chingados eres y cómo entraste aquí!? — Kim gritó asustada, corriendo hacia su puerta. Pero su mano se detuvo justo antes de poder tocar la perilla.
— Ya no me recuerdas, ¿verdad? Qué fácil es para ti — Sebas le dijo mientras soltaba su pene y se sentaba lentamente en la cama.
— No, por favor no sé quién seas pero no me hagas nada. — Kim dijo petrificada y con pánico mientras salía una lágrima de su ojo.
— Tranquila, mi amor. No te voy a hacer nada, jamás te haría nada. Al menos no a mi hermoso cuerpecito.
— No... no entiendo — Kim decía con la voz cada vez más cortada por el miedo que sentía.
— Shh, tranquila — Sebastián decía poniéndose de pie y caminando hacia la mujer. — Entiendo que no sepas quien soy. Hace muchos años que no hablábamos directamente. Las últimas veces fue a través de mis cuentas falsas.
Kim solo podía mirar con terror como aquel hombre se acercaba a ella, tocando su cabello y su rostro sin poder moverse. — No, por favor no me hagas nada.
— Ya te dije que no haré nada malo. Al menos no a este hermoso cuerpecito que será mío. Ahora en cuanto a tu alma — Sebas dijo formando una sonrisa siniestra en su rostro. — Ya veremos. Y por cierto soy SebasPL94, ¿recuerdas? me mandaste alv.
— Mando a mucha gente ahí, por lo general se lo merecen, cabronsito — Kim dijo con un tono valiente intentando agarrar valor pero el estar inmovilizada la hacía sentir débil y vulnerable.
— Sí, eso es lo que amo de ti. La forma en la que no te dejas y siempre te defiendes. Es una de las tantas cosas que admiro de ti y unas de las cosas que te aprendí. Será un placer hacerlo en tu lugar. — Sebas dijo mientras daba un paso atrás y abría los brazos y sus ojos comenzaban a brillar.
— ¿Qué haces? Por favor detente ya, te doy lo que pidas, ¿cuánto quieres? Incluso... incluso te doy una noche conmigo — Una desesperada Kim dijo, sin mucho éxito. El hombre había comenzado el proceso que aprendió semanas atrás.
— ¿Una noche? Pff por favor — Sebas dijo mientras todo su cuerpo comenzó a brillar — Yo voy a tener toda tu vida, no solo una miserable noche.
Luego de decir eso, Sebastián comenzó a pronunciar algunas palabras en latín y otros idiomas desconocidos. Su cuerpo brillaba de manera cegadora y luego de eso un brillo en forma de plasma salió de su boca hacia la boca de Kim, ella intentó gritar pero era inútil, en cuanto el brillo hizo contacto con ella, todo enmudeció y para ella todo quedó completamente en blanco.
Tras introducirse por completo. El brillo desapareció y el cuerpo de Sebastián cayó inerte en el suelo. Por otro lado Kim permaneció de pie con los ojos cerrados y en estado de trance. Luego una sonrisa siniestra se formó en su delicado rostro y abrió los ojos, comenzó a mover sus brazos, pasando sus manos por su abdomen, sus pechos y finalmente su rostro.
— No seas mamón, sí funcionó — La mujer dijo mientras continuaba palpando su cuerpo y comenzaba a reirse. — Te lo dije, perra. Esto sería mío. Ahora es mío, todo mío — Continuó diciendo mientras daba pequeños brincos y sentía cómo sus pechos rebotaban y su cabellera larga se movía por su rostro.
Sebastián había logrado tomar el control del cuerpo de Kim por completo, podía respirar con mucha más facilidad de con la que había podido en los últimos años. Su panza obesa y mórbida ahora le daba lugar a un vientre torneado. Sus pechos gordos llenos de grasa ahora eran los operados y bien formados pechos de la influencer. Y para su mayor placer, su pene que hace unos segundos seguía erecto ahora le daba sitio a una depilada vagina que explotó de placer al primer contacto con sus nuevos dedos.
Ahora con el control de ese cuerpo, Sebas no perdió tiempo en terminar de quitar el vestido que Kim había comenzado a desabrochar, quedándose con un bra rojo y una tanga pequeña. Él se miró a un espejo cercano, aun sin terminar de creer que había logrado poseer a la mujer de sus sueños y ahora la tenía a su completa disposición. Se acercó a su reflejo, besándose imaginando cómo hubiera besado a Kim si las cosas hubieran sido distintas.
— Lo siento, Kimsita, esto te pasa por mamona. Si yo no puedo estar contigo entonces no queda otra que ser tú. No volveré a perderte nunca jamás — Dijo mientras apretaba sus pechos ante el espejo, sintiendo el contacto, hipnotizado con el rebote de los mismos.
Entonces mientras miraba su reflejo, ocurrió un brillo intermitente en sus ojos. Sebas lo notó y luego sintió un dolor en su cabeza que lo hizo retroceder y retorcerse unos pasos. Se trataba del alma de Kim intentando retomar el control.
— Agh, ¡lo olvidaba! — Sebastián dijo mientras se tomaba la cabeza, en medio de un grito ahogado de dolor. — Esta perra sigue aquí dentro. Tan bien que me la estaba pasando, que ya se me olvidaba la segunda parte del ritual.
Sebastián se acercó a su cuerpo que permanecía en el suelo, colocándolo boca arriba y se colocó encima de él, preparado para emitir las palabras que había pronunciado al iniciar el ritual, pero en esta ocasión las palabras estaban invertidas ya que el alma que expulsaría no sería la propia. Pero antes de empezar, él cambió de idea, se levantó y abrió un cajón del buró junto a la cama, en donde habían algunas cremas y sacó del fondo un consolador blanco.
— Sí... hace rato cuando me metí a tu cuarto... mi cuarto, estuve husmeando todo lo que tendría y encontré uno de tus juguetitos. Me pregunto si será posible — Dijo mientras lo sostenía y luego comenzó con las palabras mágicas.
Al emitir dichas palabras, un brillo distinto al que momentos atrás salió de su antiguo cuerpo rodeó el cuerpo de Kim, y al terminar la frase, el brillo salió expulsado de su delicada boca hacia el consolador, quedándose impregnado con el brillo el cual se apagó luego de unos segundos, dejando sellada aquella alma en aquel objeto inanimado.
Por el esfuerzo, el cuerpo de Kim soltó el consolador y cayó al suelo con cansancio, pero logró reponerse para tomar nuevamente el objeto y mirándolo comenzó a sonreír y luego reírse de forma macabra.
— Mírate nada más, cómo terminaste — Dijo entre risas y lamiéndose los labios — Ay Kim, quién te viera. Una mujer tan fuerte y entrona, esa mujer empoderada y que nunca se deja de nadie... reducida a un simple y pinche dildo que me va a dar mucho placer.
Sebas se levantó, mirando el dildo con deseo y se recostó en la cama de Kim que ahora le pertenecía. Se quitó la tanga que llevaba y se arrancó el bra de manera brusca como un hombre lo haría. Tomó el dildo y lo metió a su boca, lamiéndolo para dejarlo húmedo. Y luego lo pasó por su cuerpo, sintiendo cómo cada poro de su nueva piel se erizaba, sus pezones quedaban tan erectos como su antiguo pene lo hacía, y al llegar a su vagina no perdió tiempo en comenzar a introducirlo lentamente, soltando un gemido lleno de placer y excitación.
— Oh... sí, Kim, eso es. Dame todo el placer que me negaste estos años. Eres mía, eres mía por siempre — Sebastián decía entre jadeos, disfrutando escuchar la voz de la influencer cada vez que hablaba.
Los jadeos se hacían cada vez más pronunciados a la par del placer de Sebastián, quien introducía cada vez más el dildo en su interior. Acariciaba sus pechos y hablaba sucio a sí mismo, excitándose con el sonido de su nueva voz. Esto hizo que en menos de 10 minutos haya tenido al menos 4 orgasmos, sintiendo el líquido tibio saliendo de su vagina robada y untándolo en todo su cuerpo y chupándolo de sus dedos.
Luego de un buen rato de placer, Sebastián había terminado exahusto de placer, rendido en la cama completamente húmedo y desnudo, mirando al techo y respirando agitadamente, con una sonrisa de oreja a oreja.
Pero esta sonrisa no le duraría mucho, ya que cuando el placer terminó, comenzó a pensar de manera más racional, recordando que su cuerpo aun permanecía ahí, en estado catatónico. Él había planeado originalmente meter a Kim en su antiguo cuerpo y luego llamar a la policía, acusándolo de ser un acosador y así deshacerse de ella, pero ahora el alma de la chica estaba en un dildo, y su antiguo cuerpo yacía en el piso por lo que todo podría apuntar a que él había cometido algún crimen.
Se sentó en la cama, con la cabeza fría. Sacó de un cajón un calzón limpio y se colocó una blusa encima. Luego empezó a pensar una solución. Recordó la manera en la que se había metido en la casa de Kim unas horas antes, así que ideó una manera en la que parecería que el cuerpo había sufrido un accidente al intentar meterse.
Como pudo arrastró su antiguo cuerpo por la casa hasta llevarlo afuera. Llegó hasta una barda que momentos atrás pudo saltar con una escalera, y luego empujó el cuerpo junto con la escalera a una zanja cercana. Después corrió de vuelta hasta su cuarto, tomando el celular de Kim y llamando a la policía, aprovechando el movimiento para que su voz sonara agitada y asustada, por lo que fue más fácil que le creyeran que estaba asustada por escuchar que alguien intentó entrar a su casa.
Horas más tarde al amanecer, algunas patrullas estaban fuera de su casa y un oficial estaba tomando la declaración de Sebastián, quien aseguraba no saber qué había ocurrido. A la escena llegó el novio de Kim, quien lo abrazó fuertemente, y a Sebas no le quedó más opción que fingir sentir cariño por el chico.
Ese mismo día, en internet circulaba la noticia.
"Sujeto intenta entrar a la casa de la influencer Kim Shantal y sufre caída que lo dejó en coma".
Debido a este suceso, Sebastían comenzó a ser invitado en algunos programas de TV, pues la prensa estaba interesada en saber lo ocurrido con Kim, quien también tenía que realizar una gira de medios al ser una finalista del reality show que había terminado recientemente. En donde le hacían preguntas sobre su convivencia y su experiencia. Esto no representó mayor problema para Sebas, quien había observado todo el tiempo a la mujer, sabiendo todos sus movimientos y la manera en la que convivía con todos los participantes.
Nadie sospechaba nada acerca de lo ocurrido esa noche. Sebastián había estudiado tan bien a Kim que ni siquiera el novio ni su familia sospechaban que se comportara diferente, más allá de algunos gestos o el hecho de que Sebastián tenía gustos por el futbol, la lucha libre o boxeo más marcados que Kim.
Un par de meses después, Sebastián se había adaptado por completo a su nueva vida, y a pesar de tener algunos gustos distintos, todos lo veían como si fuera parte de madurar o simplemente culpaba de eso a su convivencia en el reality, en donde tuvo que aprender "distintos puntos de vista". Incluso le había tomado cariño al novio de Kim, con quien aprendió a disfrutar del sexo, sustituyendo poco a poco el "dildo" por el pene.
Un día mientras revisaba su agenda y sus correos, recibió 2 mensajes que le hicieron levantar la ceja. Uno era de el sujeto que le había revelado el ritual para obtener el cuerpo de Kim, quien exigía el dinero a la brevedad. A pesar de ser una cantidad fuerte, esto no fue mayor problema para Sebastián, quien ahora tenía acceso a todas las cuentas bancarias de Kim.
El otro mensaje era una invitación para participar en "Supernova", el evento en donde influencer tienen peleas de box. Él había sido fan de este tipo de eventos, como "La Velada del año" y ahora al tener la vida de una de las personas más famosas del momento, no dudó en aceptar.
Aunque su familia y pareja en un inicio la cuestionaron por esto, Sebastián se excusaba en mencionar el "intento de robo" que sufrió tiempo atrás y que necesitaba ser más fuerte para evitar cualquier situación así. Y debido a la coherencia que mostraba todos le creyeron, haciendo que cualquier sospecha se disipara tan rápido como se formaba.
Sebastián empezó a entrenar y demostrar una capacidad muy buena para el boxeo, esto derivado a que cuando era un adolescente le gustaba el deporte y llegó a practicar artes marciales, pero luego sufrió una lesión que lo llevo a subir de peso hasta ser obeso y ser el hombre solitario que era.
Sus entrenadores y compañeros se sorprendían pues era increíble que tuviera esa habilidad. Ahora la memoría muscular de Sebastián se combinaba con el físico trabajado de Kim para formar a una formidable luchadora.
Él disfrutaba de esta vida, y ahora con este evento boxístico incluso se había planteado reformar su carrera y dedicarse al deporte o hacer cosas nuevas que la antigua Kim no se hubiera atrevido. Este era el inicio de una nueva trayectoria.
Fin.
martes, 24 de febrero de 2026
martes, 3 de febrero de 2026
La tarde perfecta
La tarde perfecta:
- Cuerpo robado, cortesía de la hija rebelde de mi jefe, gracias a su mala actitud nadie sospecha que me esté comportando como hombre.
- Orden de alitas para el hambre que me cargo
- Una coca bien helada.
- Manos húmedas y olorosas de mis propios jugos.
- Mi serie favorita.
- Mi propia casa, esto de ser mantenida y nepobaby es lo mejor.
- Mi celular con la noticia de que mi antiguo cuerpo estará un par de décadas en prisión por acosar a esta princesa.
Nada podría ser mejor, excepto quizás si invito a algunas de mis nuevas amiguitas para divertirnos.
jueves, 4 de diciembre de 2025
Nueva Miss, parte 2
Todo estaba listo para iniciar el concurso. El director miraba con una sonrisa como la nueva "Miss México" obedecía al pie de la letra todas las indicaciones. Todo marchaba viento en popa cuando su celular comenzó a sonar, al mirar el remitente su sonrisa se redujo a solo una mueca.
— Vuelvo en un momento, avísenme de cualquier cosa que ocurra. — El director le dijo a otro de sus asistentes mientras daba la vuelta para salir por la puerta.
Al llegar a su oficina, una mujer mayor le esperaba sentada en el sillón.
— Ya te dije que no te estés asomando aquí, bastantes problemas ya tenemos — El director dijo con frustración.
— Tranquilo hijo, solo es una visita amistosa, aparte ya sabes que cada año espero esta época con ansias — La anciana le dijo con una sonrisa traviesa.
— Abuela, por favor — el director dijo mientras se quitaba los lentes y se apretaba sus ojos mientras tomaba una pausa — Es muy peligroso, los primeros años no tuvimos problemas pero cada vez has sido muy evidente, no puedes estar sustituyendo a esas chicas sin saber nada de ellas.
— Ay hijo, solo exageras, además esas niñas tienen la cabeza hueca, es fácil hacerles creer que realmente fueron ellas y solo no recuerdan el concurso por el shock y nervios. — La mujer respondió con un tono de indignación.
— No, abuela, no es tan fácil, aunque ya cambiamos la fórmula, está siendo difícil, además, el cambio de este año ya lo hicimos con una Miss que se puso rebelde. No podemos arriesgar otro cambio. Solo nos queda uno de reserva.
— ¿Osea que le negarás a tu querida abuela su sueño que solo puede cumplir una vez cada año? — La anciana respondió junto con una mirada de decepción.
— Abuela, entiéndame, el año pasado nos metimos en problemas graves cuando nos descubrieron con la Tailandesa, incluso tuvimos que organizar el concurso de este año aquí como una disculpa. Aun no están muy contentos de que su Miss de la que estaban tan orgullosos fuese una mujer mayor que ni sabía cómo pronunciar su propio nombre.
— Eso se arregla, cariño, solo búscame a una que sepa hablar español y no una belleza tan exótica, eso fue culpa tuya en parte, yo solo improvisaba y mira que llegué al cuadro final — La mujer dijo orgullosa.
— De acuerdo, si solo así me dejarás en paz, tengo una solución — El director respondió resignado.
Un par de horas más tarde, dos empleados del certamen salían cargando una caja del camerino de la joven y hermosa Aldana, mejor conocida como Miss Argentina. A su salida, la joven apareció en la entrada, despidiéndose de los hombres.
— Hasta luego, chicos, gracias por encargarse de la basura, ¡besitos! — La joven decía con una sonrisa cínica mientras cerraba la puerta y se dirigía al espejo, en donde sacó su celular y grabó un corto video.
Este cuerpo es muy hermoso, y ahora que el lenguaje no será un problema me podré acostumbrar muy bien.
— ¿Cariño? Ya está todo listo, ¿mañana comienza el concurso, verdad? — La mujer mandó una nota de voz a su nieto.
— Sí, mañana inicia. Y por favor no me digas cariño ni nada, a partir de hoy no nos conocemos. Acuérdate. — El director le respondió con una mensaje a secas.
Después de eso, todo transcurrió con relativa normalidad. La anciana mantuvo un perfil bajo para no levantar sospechas, siendo eliminada en las primeras rondas pero disfrutando cada momento con una sonrisa de oreja a oreja. La mujer nunca tuvo la delicadeza física para concursar en concursos de belleza durante su vida, sin embargo la influencia y poder de su nieto le permitió una nueva oportunidad, viviendo cada año su sueño de participar en el certamen de belleza más importante del mundo.
viernes, 7 de noviembre de 2025
martes, 4 de noviembre de 2025
Gran potencial
Hola a todos, espero que estén teniendo un buen día, y si no, ojalá mejore pronto :)
Recuerden dejar un comentario para saber qué les parecen las historias.
miércoles, 29 de octubre de 2025
miércoles, 8 de octubre de 2025
Si estás viendo esto...
martes, 23 de septiembre de 2025
jueves, 28 de agosto de 2025
Asunto familiar, capítulo 5 (final)
El reloj marcaba la media noche. La oscuridad total de un edificio abandonado se vio interrumpida por la luz de la linterna que Irene llevaba en su mano. La mujer ingresó sin mayor problema al lugar que indicaba la carta que le dio el encapuchado: un edificio abandonado a las afueras de la ciudad.
Ella caminaba nerviosa pero con paso firme a través de los pasillos polvorientos del lugar. Algunas habitaciones no contaban con ventanas y puertas, y en su lugar habían sido sustituidas por telarañas. Ella podía escuchar el sonido de ranas y grillos por todos lados. Y aunque ella los odiaba, estaba decidida a averiguar toda la verdad.
Una vez llegó al centro del edificio, ella vio 3 figuras encapuchadas de pie en forma de triángulo, mirándose entre sí. Ella se acercó con un paso más lento y precavido a la escena pero al instante que ella dio unos pasos, los 3 sujetos voltearon de forma sincronizada hacia ella, lo cual la hizo soltar la linterna del susto.
- "Bienvenida, Irene" - El hombre de en medio habló con su distintiva voz fría.
- "¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren de mi familia? ¿Qué quieren de mí?" - Irene preguntó mientras se agachaba para recoger su linterna.
Los 3 sujetos permanecieron en silencio. Irene repitió las preguntas pero seguía sin recibir una respuesta. Luego ella tomó la linterna para alumbrar la cara de los sujetos. Dos de ellos llevaban máscara pero el de en medio no. Irene alcanzó a notar que el hombre tenía una cicatriz en su ceja derecha, tal como su nieta había descrito al líder. Entonces entendió que no se encontraba ante cualquier persona.
- "¡Respondan o llamo a la policia!" - Dijo con la voz más desesperada y apuntando con su linterna como si fuera algún arma.
El hombre de en medio dio un paso adelante hacia Irene. Ella se paralizó del susto mientras veía a aquel hombre que le sacaba al menos unos 30 cm de estatura acercarse a ella.
- "No policía, no personas". - El hombre dijo, mientras caminó otros 3 pasos hasta quedar justo delante de Irene.
Ella se quedó inmóvil, intentó hablar pero las palabras no salían de su boca. El hombre sacó debajo de su manga un sobre y lo extendió hasta Irene.
- "No, no más sobres, estoy harta de esto" - Ella le respondió rompiendo su miedo - "Yo vine por respuestas, quiero que me expliquen todo, ¡quiero que me digan qué le hicieron a mi nieta!".
El hombre abrió el sobre y comenzó a leer en voz alta:
"Irene Catalina Ruiz Malpica"
-Irene sintió un escalofrío recorriendo su espalda al escuchar al hombre diciendo su nombre completo. El hombre continuó leyendo-
"Como voluntad de Carol Andrea Martínez Cueva, usted queda a cargo de toda posesión material e inmaterial de la antes mencionada. Esto incluye su cuerpo físico y sus memorias de inicio a fin."
Irene escuchaba atónita y sin poder creer lo que el hombre decía. Aun no entendía lo que estaba ocurriendo.
- "No, no, espérense, ¿De qué rayos están hablando?" - Preguntó, pero el hombre no se inmutó ante su reacción y continuó leyendo.
"Este derecho es irrevocable e intransferible. El cambio viene con una obligación a ser cumplida si el destinatario acepta el destino"
El hombre bajó el sobre y miró directamente a Irene. - "Irene, ¿acepta usted las condiciones propuestas para preservar la vida y destino que le ha sido asignado?"
Irene lo miró con incredulidad. - "¿Me están jodiendo? ¿Acaso quieren que acepte arrebatarle todo a mi nieta?"
- "Arrebatar no, aceptar. Esta es la voluntad de Carol, si usted no la acepta, este derecho se perderá y usted compartirá el mismo destino". - El hombre dijo mientras estiraba el sobre para que Irene sujete.
- "Déjenme ver si entendí bien. Carol, mi nieta... ella aceptó darme su vida solo porque sí. Y si yo no la acepto también tomarán la mía? Ustedes son unos desgraciados".
- "Si usted acepta, todas sus preguntas serán respondidas" - El hombre dijo mientras estiraba el brazo insistiendo una última vez. - "El tiempo se agota, tienes hasta la 1am".
Irene volteó al reloj, eran las 12:58 y no podía perder más tiempo. En su mente tenía un debate interno. ¿Acaso debía aceptar lo que Carol le dio? ¿Estaría mal tomar el lugar de su nieta? ¿Por qué esto le sucedió? Mil preguntas más pasaron por su cabeza. Cuando se dio cuenta, ya eran las 12:59 y faltaban unos segundos para que se acabe el tiempo.
En el último segundo, Irene estiró su brazo y tomó la carta, haciendo que ésta emita un brillo junto con los ojos de Irene. El brillo dejó cegada a Irene, quien no podía ver nada más que todo el blanco, incluso si intentaba cerrar los ojos o taparlos, lo que único que veía era esa luz cegadora, hasta que poco a poco el brillo comenzó a disminuir gradualmente. Sin embargo lo que veía no era el edifico en donde estaba, sino que se encontraba en su antigua casa, y no solo eso sino que podía ver su antiguo cuerpo sentado en un sillón, mirándola. Ella miró hacia abajo, notando que aun estaba en el cuerpo de su nieta, sin embargo ambas se encontraban en una versión mucho más joven, siendo Carol una niña e Irene una mujer de mediana edad. Irene reconoció el momento, se trataba de la ocasión en que Carol había roto una ventana accidentalmente, en ese momento llegó Gabriela a regañar a la pequeña, Irene recordaba vagamente este momento pero ahora lo estaba viviendo en carne propia desde la perspectiva de su nieta.
Después de eso, Irene comenzó a revivir más momentos de la vida de Carol. Desde sus primeros recuerdos siendo una bebé hasta sus momentos más íntimos, como la primera vez que notó que sus pechos estaban creciendo, su primera menstruación. Su primer beso, su primera caricia, incluso la primera vez que se masturbó. Todos estos momentos no solamente los estaba mirando sino que los estaba viviendo, podía sentir todo: cada caricia, cada enojo, cada alegría. Todo lo que alguna vez Carol había sentido, pensado, experimentado o hecho ahora le pertenecía a Irene.
Junto con todo esto, ella también podía entender a la perfección a Carol. Aunque la joven había estado rodeado de una familia cercana, ella en su interior guardaba un resentimiento hacia ella misma, lo cual hacia que ella no se sintiera merecedora de nada bueno, incluida a su propia familia, su cuerpo o incluso su vida. Habiendo contemplado en un par de veces el terminar con ésta.
La vida de su nieta continuó avanzando, hasta llegar al momento en que conoció por primera vez al grupo de encapuchados. Con todos sus recuerdos, ahora Irene comprendía el porqué Carol había buscado este tipo de personas. Si había alguna manera de escapar de esta vida "inmerecida" y que encima implique permitir que alguien más pueda tomar tu lugar, sería una forma de ganar para ambas partes.
Los pensamientos que Carol plasmó en su diario cobraban sentido. Irene vivió de primera mano el escribirlos, el sentimiento de incertidumbre si todo esto era real o solo una secta que buscaba estafar. Desde la mente de Carol pudo ver todos los "procesos" en los que la gente era intercambiada, o incluso realizaban otros rituales como cambiar la apariencia física de una persona o transformarla en el sexo opuesto.
Irene intentaba tomar el control y actuar por su cuenta pero al tratarse de recuerdos no podía hacer nada al respecto, más que vivir todo como si fuera una película en la cual podía oler y sentir todo. Conforme pasaron los días, ella comprendió que la secta actuaba de manera oscura y por las sombras, pero siempre actuaba de manera justa y con el consentimiento de las personas que desearan un cambio en su vida. Fue entonces cuando revivió el momento en el que Carol solicitó un cambio para ella. Al igual que en las cartas que ella dejó escritas, su nieta se había sentido mal con Irene, al dejarla abandonada por mucho tiempo sin mostrar preocupación. A pesar de todo, en los propios recuerdos de Carol, Irene pudo sentir el gran amor que su nieta le guardaba de toda la vida, y desde esta perspectiva, Carol sentía que su abuela había perdido muchos años de su vida cuidando a la familia, soportando una vida solitaria desde que el abuelo falleció.
El trato que Carol hizo con la secta fue intercambiar sus cuerpos, para que Irene pudiera vivir una nueva aventura y una nueva vida. La vida que ella no sentía merecedora. Sin embargo una parte de este proceso requería que una de las dos partes tendría que perecer para poder sellar el cambio de manera permanente. Carol eligió ser ella quien sufriera este destino, sin embargo era consciente que su abuela nunca permitiría que algo así sucediera, así que tuvo que fingir no saber qué era lo que estaba pasando para que Irene no hiciera algo al respecto.
Entonces Irene comprendió los últimos días. Los mareos y malestar de Carol en su cuerpo anciano eran consecuencia del trato, su salud se deterioró pero fingió no saber nada. Y entonces en el hospital, Carol le dejó señales para que Irene se distrajera encontrando pistas y persiguiendo a los hombres encapuchados. Todo esto para que durante ese tiempo Carol pudiera abandonar el mundo sin nadie a su alrededor.
Irene sentía una mezcla de dolor y frustración pero también una sensación de alegría al comprender que el plan de su nieta había funcionado, y ahora, después de todo, ella era Carol. Y finalmente podía entender y compartir los motivos de por qué Carol hizo lo que hizo, y junto con eso también podía sentir la nueva vitalidad que había heredado con su cuerpo. Su sentimiento de culpa había disminuido hasta casi desaparecer con todos los recuerdos y sentimientos de Carol. Tras esta revelación ella finalmente había aceptado el cuerpo que se le había dado y había aceptado la nueva vida que le esperaba.
Cuando la experiencia acabó, el sol ya iluminaba el cielo y los pasillos del edificio. Irene apareció de entre las paredes de aquel lugar, saliendo hacia la calle, pero esta vez tenía un semblante distinto. Una mirada llena de luz, una sonrisa discreta y una manera de caminar que transmitía seguridad y confianza. La mujer que salió de ese edificio era una mujer distinta, una mujer nueva, una mujer renovada. Una mujer con la vitalidad de una joven pero la experiencia de una persona mayor. Irene había elegido un nuevo inicio. Ahora tenía el doble de razones para vivir una nueva vida.
Y a medida que ella se alejaba por el horizonte, a lo alto del edificio aquel hombre encapuchado observaba con una sonrisa en su rostro. Se dio la media vuelta, caminando hacia un escritorio de donde sacó la fotografía de Irene y Carol, unidas por el tallo de una flor. El hombre sacó un cerillo y prendió fuego a las fotos, incinerándolas, lo cual despidió un humo color rosa. Finalmente el hombre guardó el cerillo y pronunció las palabras "Asunto terminado".
Fin
miércoles, 27 de agosto de 2025
lunes, 25 de agosto de 2025
Asunto familiar, capítulo 4
Irene salió a la calle con el diario en mano. Ella no sabía cómo utilizar el celular de su nieta así que no pudo pedir un Uber para llegar a la ubicación y tampoco quería pedir un taxi tradicional ya que no contaba con mucho dinero en efectivo, por lo que caminó siguiendo las calles que había visto apuntadas.
Ella recordaba vagamente el rumbo para llegar a la estación abandonada, por lo que solo le bastó con preguntar a un par de personas que le guiaron hasta llegar.
Una vez llegó al edificio, Irene se sintió abrumada ante un gran edificio que brillaba de vida cuando ella era una joven de la misma edad que el cuerpo que ahora evitaba, ahora convertido en una sombra del ayer. La entrada no se encontraba vigilada y solamente tenía una cinta gastada de No Pasar.
La mujer la hizo a un costado y se dirigió al interior de la estación, encontrando pisos llenos de escombro y polvo, ventanas rotas y puertas que apenas se sostenían de pie con bisagras oxidadas.
Caminando por los pasillos ella sentía como si una presencia la estuviera siguiendo, pero al voltear no podía ver a nadie.
- "¿Hola? ¡¿Hay alguien aquí?!" - Irene decía con voz temblorosa, apretando el diario en su pecho. Sin embargo no recibía respuesta alguna del edificio vacío.
Ella caminó por un par de pasillos más pero tuvo la misma suerte, sin embargo sentía que la presencia que la acechaba era cada vez más pesada, por lo que se dirigió rápidamente a la salida, en donde finalmente se sintió a salvo caminando por las calles.
Tenía la intención de dirigirse al hospital para visitar a su nieta, pero se sentía un tanto desorientada por la ciudad así que prefirió ir de vuelta a la casa de Carol para poder buscar más cosas que le pudieran ayudar a encontrar a las personas misteriosas detrás del cambio.
A unas cuadras de casa de Carol, Irene volvió a sentir nuevamente la presencia del edificio. Volteó pero no vio a nadie detrás de ella. Continuó su camino por un par de calles más, volteando en todo momento sin embargo no podía ver a nadie.
Una vez que llegó a la puerta de casa de Carol, Irene sacó las llaves para abrir cuando de repente un escalofrio recorrió toda su joven espalda. Ella podía sentir que había alguien parado justo detrás de ella.
- "Señora Irene" - Una voz fría a secas dijo por su espalda.
Irene volteó lenta y temblorosamente, para encontrar una figura alta y encapuchada a pocos metros de ella. Soltó un pequeño grito ahogado y sujetó sus llaves como si fuera una especie de cuchillo para defenderse.
- "No se me acerque, ¿qué quiere?" - Irene le dijo con la voz nerviosa, ignorando por completo que aquel sujeto la había llamado por su nombre real y no por el de su nieta.
El sujeto dio un paso adelante acercándose a ella. - "No tema, no vengo a hacerle daño." - Dijo con una voz que parecía no tener ninguna emoción. Luego de eso sacó un sobre de papel de una de sus mangas, el cual estaba sellado con una cera oscura y un símbolo similar a los que Irene había observado en el diario de Carol. - "Esto es para usted".
El hombre caminó hasta quedar a solo un paso de Irene. Ella intentó amagar con sus llaves pero era inútil, aquel sujeto parecía no reaccionar a nada, como si fuera una especie de robot, o un fantasma.
- "No quiero nada, no me interesa. ¡Aléjese por favor!" - Irene le decía con la voz alterada y dando un paso hacia atrás, haciendola topar con la puerta, sintiéndose arrinconada.
- "Es de parte de su nieta, lo entenderá todo". - El hombre dijo, estirando su mano para entregar el sobre.
Irene quedó helada al caer en cuenta de lo que ocurría. Ese hombre era uno de los hombres misteriosos que ella había estado buscando. Se paralizó por un segundo y luego estiró un brazo para recoger el sobre.
- "¿Qui... quiénes son ustedes?" - Preguntó, pero no recibió respuesta. El encapuchado se mantenía inmutable. Irene bajó la mirada para observar a detalle el sobre. Confirmó que el símbolo del sello era idéntico a las formas que Carol dibujaba en el diario. Alzó la mirada para confrontar al encapuchado, sin embargo se dio cuenta que ya no había nadie frente a ella. Aquella figura alta y oscura se había desvanecido sin dejar ningún rastro.
Una vez dentro de casa, Irene se dirigió al cuarto de Carol y colocó el sobre junto con el diario, comprobando que el sello era la misma figura extraña. Se moría de miedo por dentro ya que todo esto era muy misterioso, pero aun así se decidió a abrir el sobre, revelando un mensaje que le heló la sangre.
"Abuela, si llegas a leer esto, significa que el proceso que hice salió bien y ahora eres una persona llena de vida. No sé qué pasará pero solo deseo lo mejor para ti. Tú me cuidabas siempre cuando era pequeña y siempre he querido devolverte todo lo que me has dado.
En los últimos meses nos hemos distanciado y siento mucho si esto te hizo sentir mal. Ahora con la ayuda de estas personas, me han permitido brindarte una nueva vida, será un cambio radical para ambas, y ya he sido testiga del proceso de otras personas. Si todo resulta una farsa supongo que habré perdido mi tiempo, pero si esto resulta real entonces tú recuperarás tu juventud y tendrás la oportunidad de vivir al máximo una vida que yo no he querido. Sé que no estarás de acuerdo con esto, pero es algo que yo quiero darte desde el fondo de mi corazón. No tengo muchos sueños o anhelos que me hagan tener ganar de levantarme a diario pero sé que tú sí. Así que disfruta tu nueva vida".
Irene no podía creer lo que leía, las lágrimas rodaban por sus tiernas mejillas al leer las palabras de Carol. - "¿Ella siempre supo lo que ocurría? ¿Por qué no me lo dijo desde un inicio? No puedo aceptar esto, no puedo ver a mi nieta sufrir en mi cuerpo" - se decía a sí misma. Ahora tenía dudas que necesitaba resolver, y solo había una persona que podía contestarlas. Ella puso la carta en el escritorio y se levantó para colocarse sus zapatos para salir, pero cuando volteó para tomar la carta vio cómo la carta se empezó a desintegrar frente a sus ojos, como si mágicamente se estuviera incinerando desde dentro.
Asustada y con el corazón agitado, no quiso perder más tiempo y salió a todas prisas hacia el hospital para ver a su nieta. Al sacar el celular de Carol, intentó usar la app de Uber pero no sabía, por lo que le preguntó a un hombre que pasaba cerca, quien le ayudó amablemente.
- "Gracias, jovencito" - Irene le dijo, a lo que el hombre sonrió de forma un tanto burlona.
- "Órale, ni que estuvieras tan grande, estamos de la misma edad, niña" - Le contestó, mientras se alejaba con una risa.
Una vez en el auto, Irene sentía una inexplicable angustia que le oprimía el pecho. No entendía por qué se sentía así pero sabía que necesitaba llegar con su nieta lo más pronto posible. Sin embargo su angustia se hizo más grande cuando a medio camino el celular comenzó a sonar, era una llamada del padre de Carol, Mauricio, quien con una voz nerviosa y preocupada le informó que "su abuela" había tenido complicaciones en su salud y se encontraba grave, por lo que debería acudir a visitarla. Irene, alterada, le respondió que ya estaba en camino y llegaría pronto.
Una vez que llegó al hospital, Irene corrió como hace décadas no hacía, para llegar al pasillo en donde estaba la habitación de su nieta, sin embargo se encontró con Gabriela llorando en una banca, con Mauricio consolándola y un grupo de personas rodeando la zona para no dejar pasar a nadie. Irene sintió un agujero en su pecho, como si el mundo se hubiese detenido por unos segundos. Ella podía darse cuenta de lo que esa escena significaba.
Se acercó con los ojos llorosos hacia Gabriela, quien alzó la mirada y rápidamente la jaló del brazo para fundirse en un fuerte abrazo.
- "Hija, lo siento mucho, tu abuelita..." - Gabriela le dijo entre sollozos y una voz ahogada.
Irene no pudo decir ninguna palabra, se sentía completamente paralizada ante la situación, no podía creer lo que estaba pasando. Mauricio también las abrazó, uniéndose los tres en un lamento.
- "Señora Gabriela, disculpe por la interrupción. Antes que nada mi más sentido pésame por su madre" - Un hombre con uniforme del Hospital le dijo, de manera educada. - "Pero me temo que necesito que me acompañe para realizar los trámites necesarios, usted como hija es la titular".
- "Discúlpenos, señor. Estamos en un momento muy grave, mi esposa no está en condiciones" - Mauricio respondió, poniéndose de pie y dirigiéndose al trabajador. - "Como yerno, también estoy en derecho, me parece. Así que yo haré los trámites necesarios en lugar de mi mujer".
El hombre asintió y se alejó del lugar junto con Mauricio. Irene observó la escena, admirando el gesto de Mauricio hacia su hija, y luego continuó abrazando a Gabriela.
- "¿Pero qué pasó? mi ni... abuela estaba bien, solo era un pequeño derrame" - Irene preguntó a Gabriela.
- "Aun no sabemos bien, mija, me llamó el Doctor diciendo que hace unas horas comenzaron a ocurrir complicaciones en la salud de tu abuela, al parecer el derrame solo era un aviso de algo peor" - Gabriela le dijo, recuperando el aliento para poder hablar - "No lo sé, es como si de repente algo se hubiera activado en ella, ¿sabes?"
Esas últimas palabras hicieron que Irene relacione todos los hechos. El repentino deterioro de Carol, cuando ella a pesar de su edad aun mantenía una buena salud, sus dolores de cabeza, sus mareos. Era como si a partir del cambio, su cuerpo anciano automáticamente hubiese colapsado. Tal vez por la presencia de Carol, o quizás algo más, quizás el ritual requería que una de ellas desapareciera.
Irene se levantó, dio un par de pasos para irse del lugar a buscar a los hombres encapuchados. Sin embargo el llanto de Gabriela la hizo detenerse. Si bien ahora ella era "la hija", no podía dejar su lado materno y prefirió regresar para seguir consolando a su hija.
Al día siguiente, la familia se encontraba reunida en un cementerio, enterrando el cuerpo de Irene. La mujer, vestida de negro y con una mirada vacía, observaba la escena. Cómo su nieta se había ido de este mundo junto con su cuerpo y ahora ella poseía su juventud. Sabía que esto había sido la voluntad de Carol, pero sentía culpa, ella no se sentía merecedora de ese regalo de vida, y deseaba ser ella quien estuviera realmente en el ataúd.
"Ella se ha ido, para siempre. Y ahora solo quedo yo... ésta soy yo"
Irene pensaba para sí misma mientras la gente se alejaba para subirse a sus autos y ella se quedaba ahí, en medio del campo mirando hacia el horizonte. Sus padres se acercaron para pedirle que se retiren, pero ella les dijo que se vayan, pues quería quedarse a solas un momento para poder despedirse.
La pareja hizo caso y se fueron, no sin antes que Irene le pidiera a Mauricio hablar un momento a solas.
- "¿Qué pasa, hija?" - El hombre le preguntó, creyendo que quizás la mujer necesitara ayuda en algo.
- "Nada, yo... yo solo quiero agradecerte por todo... Papá" - Irene dijo con una sonrisa y mirando a Mauricio con admiración y respeto por primera vez, pues antes solamente lo soportaba al ser el marido de su hija.
- "¿Todo de qué, hija?" - Mauricio respondió extrañado y con una sonrisa.
- "Por encargarte de todo: los trámites, llevarnos a todos lados, de cuidar a... mi madre. En verdad que nos has ayudado mucho y no sé cómo podría pagarte" - Irene le dijo y luego lo abrazo de manera fraternal.
Mauricio no entendía la situación, y se sentía extraño al escuchar hablar así a quien creía que era su hija. Sin embargo no cuestionó nada y simplemente la abrazó de vuelta, sintiendo el cariño genuino de aquella mujer.
Después la pareja se marchó e Irene se quedó unos minutos observando la tumba, aun incrédula de todo lo que había pasado en los últimos dos días. Ella miraba al cielo, implorando por respuestas a lo que debía hacer ahora. Se sentía perdida. Sí, tenía un cuerpo en buena forma, juventud y mucha vitalidad, pero este era un mundo totalmente ajeno a ella, se sentía como una completa desconocida y fuera de lugar. No sabía ni cómo manejar un celular, ni usar las redes sociales o sobre moda actual.
Justo cuando se disponía a irse, sintió un frío recorriendo su espalda. La misma sensación que tuvo cuando el encapuchado se apareció en casa de Carol. Ella volteó, comprobando que aquél sujeto se encontraba parado a la distancia, observando todo. Irene no perdió ni un segundo en correr hacia él.
- "¿Qué haces tú aquí? ¡¿Ustedes le hicieron esto a mi nieta?! Era solo una niña, ¡por Dios!" - Le reclamó con todas sus fuerzas, pero el hombre no se inmutó, al igual que el encuentro anterior.
El hombre no llevaba máscara en este encuentro, sin embargo su capucha hacia que la sombra ocultase su rostro. Él solamente estiró su brazo, entregando un nuevo sobre con el sello característico. Irene lo tomó, esta vez sin quitar la mirada de encima para que no desapareciera.
- "Quiero que me expliques todo, por favor. Nada de cartas, quiero la verdad".
- "Solo léela" - Respondió con la misma voz frívola.
Irene se negaba a quitar la mirada de encima, pero tuvo que abrir la carta, mirando de reojo al hombre para no perderlo de vista. Dentro de la carta simplemente había una dirección escrita.
- "¿Y esto qué? No pienso ir a ningún lado hasta que no me digas qué quieren" - Irene le dijo poniendo un brazo en su cintura.
- "Nos vemos a la media noche" - El encapuchado dijo. Y luego de eso el claxon de un automóvil distrajo a Irene, era el auto de Mauricio quien se acercó para que se fueran juntos. Al voltear nuevamente, el hombre ya había desaparecido. Irene maldijo entre dientes la distracción pero luego se subió al auto, preguntando a la pareja si vieron a alguien cerca de ahí, a lo que ellos respondieron que no había nadie y solo estaba ella sola en medio del campo.
Mientras el auto se alejaba del lugar, Irene volteó hacia atrás, para notar que la silueta de aquel hombre estaba junto a un árbol, observándola a la distancia.
miércoles, 20 de agosto de 2025
Asunto Familiar, Capítulo 3
- "¿Que hiciste qué?" - Irene le preguntó sorprendida a su nieta mientras ponía una mano sobre su pecho.
- "Lo sé, lo sé, es solo que yo no pensé que fuera algo real" - Carol respondió con la voz nerviosa y alterada - "Creía que era algo por diversión o no lo sé".
- "No, hija, eso no puede ser. Es que esas cosas solo pasan en la te..." - Irene intentó negar pero a media frase se dio cuenta de que sí era real. - "¿Esto no es un sueño? En verdad, es que esto es inverosímil" - Seguía diciendo en negación.
- "No, no es un sueño, abue. Ojalá lo fuera, al menos entendería que es esa palabra" - Carol dijo, a lo que Irene reaccionó con una mirada juzgona. - "Sin ofender, claro".
- "Mira, hija, tenemos que encontrar una manera de revertir esto... si ellos hicieron esto, seguro ellos pueden deshacerlo" - Irene le dijo mientras empezó a caminar algunos pasos al rededor de la cocina.
- "No, espera, abue" - Carol dijo poniéndose de pie lentamente - "No es tan fácil, esas personas son muy misteriosas. No sé cómo llegar a ellos".
- "¿Qué tal si empezamos por contarme todo lo que sabes ellos?" - Irene respondió poniendo sus brazos en su cintura.
Carol suspiró y luego tomó a su abuela del brazo para sentarse nuevamente.
Comenzó a contar sobre foros y sitios de internet en donde se hablaba acerca de el BodySwap, un tema que era nuevo para ella y le llamó la atención al instante. Imaginarse en el lugar de otra persona, vivir el día a día de alguien más o simplemente escapar de tu propia realidad. Todo era posible con una buena imaginación y compañeros que compartieran ese mismo gusto. Carol recalcó que ella no lo veía como un fetiche ya que no le interesaba tener sexo ni nada lascivo imaginando ser alguien más, ella solamente quería ver la vida desde otros ojos.
Irene interrumpió un par de veces a su nieta, impresionada al enterarse de todo este mundo, incluso llamándola impúdica y juzgando con sus expresiones faciales.
- "Bueno, si me permites..." - Carol siguió con su relato - "Un día me llegó una solicitud de mensaje, se hacía llamar... amm, no recuerdo bien su username" - dijo rascándose la cabeza. Recordar le costaba con su mente vieja y cansada.
- "Su ¿qué? Ay hija no entiendo la mitad de las cosas que dices, solo dime dónde están y vamos a verlos" - Irene le dijo, ya impaciente.
- "Su nombre de usuario, abue. Era algo como Kurbo, o bueno no sé, el caso es que me contactó y me dijo que había visto potencial en mí y otras cosas, la verdad no le creí y pensé que era alguna estafa piramidal, ya sabes".
- "¿Qué tienen que ver las piramides?" - Irene respondió confundida.
- "No nada, abue" - Carol dijo mientras movía la cabeza - "El caso es que pensé que solo quería dinero o algo, pero le seguí el juego por alguna razón. Me comenzó a hablar sobre un grupo exclusivo que iban más allá de fantasear y me quería dentro."
- "¿Y tú aceptaste? ¡Hija te pudo pasar algo!"
Carol solo la miró con ironía, a lo cual Irene asintió con frustración.
- "El primer día que fui, recuerdo que tenía miedo, era de noche y estaba en un edificio abandonado en el centro. No recuerdo bien, están muy borrosos mis recuerdos, no sé por qué" - Carol dijo tallándose los ojos.
- "Respira, hija. Sé que todo es muy cansado a mi edad".
- "Solo recuerdo que de repente estaba en medio de gente encapuchada y estaban hablando como si estuvieramos en misa."
- "¡Óyeme! No le faltes al respeto al coro de la iglesia, esos niños son unos santos" - Irene dijo llamándole la atención.
- "Ay ya, abue, y bueno luego de eso no recuerdo mucho, solo recuerdo hablar con personas pero sus rostros se me hacen muy borrosos. Y bueno recuerdo ir algunas veces más, era cada 15 días más o menos".
- "¿Y luego qué paso? ¿Cómo hicieron el cambio? ¿Recuerdas la dirección? ¡Dale, hija!, Tienes que acordarte. No podemos quedarnos así." - Irene dijo apurada.
- "No, abuela, y ya basta por favor. Me está doliendo mucho la cabeza, quiero... quiero acostarme" - Carol dijo poniéndose de pie y comenzando a caminar hacia su cuarto pero de repente se desvaneció e Irene corrió a ayudarla. Comenzó a abanicarla y gritar pidiendo ayuda.
Después de unos momentos, los paramédicos llegaron al lugar, llevándose a Carol al hospital. Irene decidió acompañar la ambulancia mientras le sostenía la mano a su nieta.
Al llegar al hospital, pronto los padres de Carol se hicieron presentes, abrazando y consolando a quien creían que era su hija. Irene estaba muy alterada y con los ojos llorosos al ver cómo su nieta estaba grave, culpándose y diciendo que debía ser ella quien estuviera en ese lugar. Gabriela y Mauricio pensaban que ella solo estaba siendo empática, sin entender el trasfondo de esas palabras.
El matrimonio le pedía a Irene que se fuera a descansar a casa pero ella insistió en quedarse todo el tiempo hasta que pudiera ver nuevamente a su nieta, lo cual ocurrió hasta el anochecer. En cuanto recibió la autorización del doctor, Irene entró eufórica a ver a su nieta y le sostuvo la mano, diciéndole lo preocupada que estaba. Carol también se alegró de verla, sonriendo de manera pasiva.
El doctor entró a la habitación, acompañando a la familia.
- "Buenas tardes, soy el Dr. Paredes y estuve a cargo de la Sra Irene" - dijo en un tono amable, presentándose. Gabriela y Mauricio le estrecharon la mano agradeciéndole. - "Tienen suerte, unos minutos más que hubiera tardado en llegar y no estaríamos aquí" - terminó diciendo con un tono de alivio.
- "¿Qué le pasó a mi madre?" - Gabriela preguntó angustiada.
- "La Sra Irene presentó un accidente cerebrovascular isquémico leve, pero gracias a la intervención de nuestro equipo se pudo controlar debidamente".
- "¿Un qué cosa de quién?" - Mauricio interrumpió confundido. Los rostros de todos los demás presentes tenían la misma expresión.
- "Un ligero derrame cerebral" - Dijo el doctor, ahora dirigiéndose a Carol. - "Sra. Irene, ¿sufrió de algún susto o alguna experiencia impactante? En su historial no tenemos antecedentes de algún accidente de esta índole".
Carol e Irene se miraron entre sí por un segundo. Era claro que el impacto de todo lo ocurrido en el día le estaba pasando factura al cuerpo viejo que ahora Carol tenía, pero no podían revelar nada al respecto así que fingieron no saber nada al respecto, inventando una mentira.
- "Mi n... abuela estaba en mi casa ayudándome en la cocina y de repente se sintió mal, tal vez algún olor o algo" - Irene dijo rápidamente.
- "¿Y desde cuándo le dices a tu abuela que te visite para cocinar?" - Gabriela preguntó, extrañada.
- "Ya hija, no empieces, lo importante es que no pasó nada" - Carol dijo desde el cuerpo de su abuela.
Luego de eso, el Doctor se retiró, no sin antes decirles que la mujer necesitaría quedarse unas horas más en observación antes de poder darle de alta, ya que sus defensas estaban muy bajas.
Mauricio y Gabriela se retiraron también, dejando a las dos mujeres a solas. Irene aun tenía algunas lágrimas por la preocupación y culpa de ver a su nieta sufriendo, pero Carol le pidió calmarse.
- "Abue, respira, no pasó nada grave. Yo estoy bien, ahora lo importante es que podamos regresar a mi casa, o al menos creo que tú podrías ir para calmar a mis papás.
- "Hija, no puedo dejarte así, yo me quedo hasta que te den de alta y nos vamos juntas".
- "Abue, en serio, estaré bien, mejor ve a mi casa e intenta buscar en mi celular si puedes encontrar algo que nos ayude a dar con esas personas."
Irene se fue, a su pesar, pero también estaba decidida a buscar una manera de revertir todo esto. Por lo que al llegar a casa de Carol, comenzó a buscar entre sus cosas. Se sentía rara al esculcar entre las cosas de su nieta, viendo toda la ropa que ella tenía, tanto blusas como vestidos y luego su ropa interior. Al pasar en esta parte, un par de calzones llamaron su atención, uno blanco y uno negro, ambos de encaje y con un corte no tan conservador como ella usaría.
Los hizo a un costado y siguió buscando, recordando la libreta que había visto el día anterior. No tardó mucho en encontrarla nuevamente y se sentó en la cama para leerla con más detenimiento. Leyó nuevamente los pensamientos negativos de Carol, y en unas páginas leyó cómo ella no se sentía cómoda con su cuerpo, deseando poder tener otro cuerpo o incluso deseando que alguien más tuviera su cuerpo para usarlo de una manera mejor que lo que ella lo haría.
Irene tenía sentimientos encontrados al leer esto. Por un lado le dolía que su propia nieta se sintiera de esa manera consigo misma. "¿Acaso ella odiaba su cuerpo? Pero es tan hermoso, su rostro tan delicado y estos pechos firmes..." Pensó para sí misma mientras miraba hacia abajo, notando un ligero escote que se formaba con su blusa. Sentía la curiosidad de ver esos pechos nuevamente pero se resistía, leyendo más de los escritos de su nieta. A medida que pasaban los minutos, su mirada pasaba de las hojas a su escote cada vez más seguido, luego miró de reojo al closet en donde estaba el par de calzones de hace un momento. La tentación era cada vez mayor y ya no la dejaba concentrarse, al punto de ceder, dejando la libreta a un lado en la cama y caminando hacia el closet.
Ella tomó el par de calzones, imaginando cómo se verían en el cuerpo de su nieta para luego decirse a sí misma "¿Para qué imaginar? Ahora soy ella" con una sonrisa traviesa. Pronto la mujer se encontraba modelando frente al espejo la ropa interior, sonriendo al sentirse más femenina de lo que se había sentido en los últimos 30 años.
Luego de eso, comenzó a sentir como su cuerpo se sentía caliente y empezó a sudar, desabotonándose la blusa hasta dejar sus pechos libres. Internamente aun sentía culpa pero la calentura y sus hormonas jóvenes se habían apoderado de ella, haciendo que bailara de manera lenta y sensual, pasando sus manos por todo su cuerpo, sintiendo como se erizaba cada poro de su piel. Al sentir la firmeza de sus pezones exitados se quitó la blusa por completo de un solo movimiento rápido para aventarla a la cama, quedándose con su bra y el calzón negro.
Consumida por la lujuria se quitó el brasier, dejando sus pechos al aire y acariciándolos lentamente. Los gemidos eran incontrolables e incontenibles, Irene había dejado de pensar de manera sensata desde que sintió una ligera humedad en su entrepierna. La misma humedad que sintió en el baño de su hogar el día anterior pero había intentado contener, ahora estaba libre. Se bajó el calzón revelando una vagina húmeda y palpitante que le hizo sentir una explosión de placer al primer tacto con su dedo. Una sensación tan intensa que la hizo caer a la cama, ella se empezó a mover por instinto, el cuerpo de su nieta parecía tener voluntad propia e Irene se estaba dejando guiar por el placer.
Un gemido tras otro, la mujer estaba sumida en un mar de éxtasis que no podía detener. Las olas de placer la abatían sin darle respiro, sus manos temblaban mientras sus dedos, ya húmedos, continuaban introduciéndose en su joven vagina. Los pensamientos conservadores de Irene se desvanecieron por unos segundos y ahora solo había la necesidad de sentir más placer.
Sin embargo su momento de lujuria se vio interrumpido al escuchar el timbre de la casa. Se trataban de los padres de Carol, quienes lucían preocupados por su hija. Irene sintió un escalofrío bajando por toda su espalda mientras se detenía para recomponerse. Se sentó en la cama, aun respirando agitada y mirando hacia abajo para notar las sábanas húmedas y su ropa tirada en el piso.
Un segundo sonido del timbre la hizo reaccionar para comenzar a vestirse rápidamente con ropa nueva, metiendo su ropa sudada en una bolsa dentro del closet.
- "Ya voy, ya voy" - Irene decía desesperada mientras un tercer toque del timbre la apuraba.
Se colocó un short y una blusa sencilla, lo primero que encontró, y fue a abrir la puerta para encontrar a la pareja.
- "Hija, ¿estás bien? Te ves agitada" - Gabriela le preguntó mientras le sostenía el rostro. - "Estás caliente, seguro debes tener fiebre. Descuida ahora te preparo mi menjurje especial".
- "No, no pasa nada, es solo que yo... amm.. estaba haciendo ejercicio" - Irene dijo, intentando excusarse, pero Gabriela sonrió de manera incrédula.
- "¿Ejercicio? Hija tú eres la primera en decir que el único abdominal que haces es cuando te levantas" - Mauricio respondió entre risas. Gabriela lo miró de reojo en forma de reclamo, a lo cual el hombre ya no dijo más.
- "Estoy bien, en serio. No pasa nada. ¿En qué puedo ayudarles?" - Irene respondió desviando la atención.
- "Ay, qué modos son esos de hablarnos, ni que fueramos tus vecinos. Además estábamos preocupados por ti, hija". - Gabriela le dijo mientras pasaba y se sentaba en un sillón de la sala. Mauricio se sentó a su lado e Irene se quedó de frente a ellos. - "Desde que pasó lo de tu abuela, te hemos notado muy afectada".
- "Claro que me afecta, digo, es mi abue. ¿Acaso tú no te sientes igual o peor?" - Irene le cuestionó a su hija.
- "Por supuesto que sí, ¡es mi madre, por Dios!" - Gabriela contestó a manera de reclamo. - "A lo que voy es que ya sabes, tú y tu abuela no siempre tuvieron la mejor relación, yo siempre te decía que la debías visitar más seguido pero tú preferías quedarte en casa todo el tiempo".
Irene no respondió, se mantuvo en silencio ya que no podía argumentar nada. Ella extrañaba a su nieta, pero Carol no la visitaba tan seguido como le habría gustado. En los últimos meses había sentido una desconexión con ella, pero ahora estaba más vigente que nunca.
- "Yo sé, es solo que últimamente digamos que no me he estado sintiendo como yo misma" - Irene le dijo mirando al suelo. La angustia la consumía y sentía que debía decir la verdad pero no sabía cómo reaccionaría su hija.
- "Hija" - Gabriela le dijo con voz tierna, se acercó y le tomó de las manos - "Sabes que siempre que necesites algo nos tienes a tu papá y a mí. No estás sola, y tu abuela tampoco lo está, nos tiene a nosotros" - terminó diciendo con una sonrisa.
Irene sonrió pero volteó la cara para no dejar ver que estaba a punto de soltar una lágrima. Después de eso se fue al baño en donde se desahogó unos minutos antes de regresar a la sala con una actitud más fresca y relajada, imitando a la Carol original. Después de casi una hora manteniendo apariencias, la pareja se fue de regreso a su casa, con lo que Irene se quedó sola nuevamente, soltando un gran suspiro cuando finalmente cerró la puerta.
"Bueno, de regreso a lo que estábamos" - Irene se dijo a sí misma, mientras tomaba nuevamente los apuntes. Esta vez de manera más enfocada y sin pensamientos hormonales que se atravesaran.
Mientras pasaba las páginas, ella seguía encontrando figuras triviales: círculos y triángulos cruzados que formaban formas que no comprendía. Algunas anotaciones cortas como "No olvidar la foto", "No olvidar capucha", al igual que un par de números telefónicos que no tenían nombre.
Luego encontró una anotación que la perturbó:
"Hoy me llevaron a ser testiga de un proceso. Alicia, una chica con la que hablé un par de veces, fue elegida así que tuvo que ir vestida con la túnica oscura. La verdad me dio miedo la forma en la que todos estaban actuando, parecían robots sin emociones. Me sentí rara pero le seguí la corriente a todos para no verme fuera de lugar.
Alicia se paró en medio de una terraza justo afuerita del edificio y Kobro junto con otros 2 muchachos la rodearon, luego ella se mantuvo en silencio como si estuviera hipnotizada. Después solo comenzó a decir unas palabras extrañas en voz alta y de repente no sé de donde salió una luz que me dejó ciega. Cuando todo se calmó, se acercaron a ella y se la llevaron. Al día siguiente llegó una chica diciendo ser Alicia pero ni siquiera se parecía a ella. Y Alicia no se apareció más. Todo esto está bien raro."
Irene se alertó al leer esto, luego se adelantó varias páginas, hasta que encontró información importante en las últimas páginas escritas del diario:
"Mañana iremos a la explanada que está a las afueras de la estación abandonada, junto al bosque. Dicen que es mi momento y que estoy lista. Mi mamá me mataría si se entera de todo esto, pero por si acaso mi acción final es darle todo a mi abuelita Irene, aun no sé muy bien qué signifique todo.
No sé cómo sentirme. No me siento lista, y la verdad es que solamente he vista un "proceso" el cual siento que fue actuada. Aquella chica Alicia. Para mí que todo esto es actuado, me pregunto si les pagarán. ¿Me pagarán a mí también? Solo espero no ser estafada o que le hagan algo a mi abuela".
Tras leer esto, Irene se sintió inquieta. Si lo que Carol había escrito era real, significaba que todo era cierto. El cambio de cuerpo, la sociedad secreta de la que su nieta le habló, y en especial: ¿cuántas personas están en la misma situación? ¿Acaso todas han sido voluntarias? Ella simplemente recuerda despertar en el cuerpo de Carol sin haber sabido algo antes.
Se levantó, se vistió, tomó el diario y salió hacia la calle en busca de respuestas.
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