jueves, 28 de agosto de 2025

Asunto familiar, capítulo 5 (final)


El reloj marcaba la media noche. La oscuridad total de un edificio abandonado se vio interrumpida por la luz de la linterna que Irene llevaba en su mano. La mujer ingresó sin mayor problema al lugar que indicaba la carta que le dio el encapuchado: un edificio abandonado a las afueras de la ciudad. 

Ella caminaba nerviosa pero con paso firme a través de los pasillos polvorientos del lugar. Algunas habitaciones no contaban con ventanas y puertas, y en su lugar habían sido sustituidas por telarañas. Ella podía escuchar el sonido de ranas y grillos por todos lados. Y aunque ella los odiaba, estaba decidida a averiguar toda la verdad.

Una vez llegó al centro del edificio, ella vio 3 figuras encapuchadas de pie en forma de triángulo, mirándose entre sí. Ella se acercó con un paso más lento y precavido a la escena pero al instante que ella dio unos pasos, los 3 sujetos voltearon de forma sincronizada hacia ella, lo cual la hizo soltar la linterna del susto.

- "Bienvenida, Irene" - El hombre de en medio habló con su distintiva voz fría.

- "¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren de mi familia? ¿Qué quieren de mí?" - Irene preguntó mientras se agachaba para recoger su linterna.

Los 3 sujetos permanecieron en silencio. Irene repitió las preguntas pero seguía sin recibir una respuesta. Luego ella tomó la linterna para alumbrar la cara de los sujetos. Dos de ellos llevaban máscara pero el de en medio no. Irene alcanzó a notar que el hombre tenía una cicatriz en su ceja derecha, tal como su nieta había descrito al líder. Entonces entendió que no se encontraba ante cualquier persona.

- "¡Respondan o llamo a la policia!" - Dijo con la voz más desesperada y apuntando con su linterna como si fuera algún arma.


El hombre de en medio dio un paso adelante hacia Irene. Ella se paralizó del susto mientras veía a aquel hombre que le sacaba al menos unos 30 cm de estatura acercarse a ella.

- "No policía, no personas". - El hombre dijo, mientras caminó otros 3 pasos hasta quedar justo delante de Irene.

Ella se quedó inmóvil, intentó hablar pero las palabras no salían de su boca. El hombre sacó debajo de su manga un sobre y lo extendió hasta Irene.

- "No, no más sobres, estoy harta de esto" - Ella le respondió rompiendo su miedo - "Yo vine por respuestas, quiero que me expliquen todo, ¡quiero que me digan qué le hicieron a mi nieta!".

El hombre abrió el sobre y comenzó a leer en voz alta:

"Irene Catalina Ruiz Malpica"

-Irene sintió un escalofrío recorriendo su espalda al escuchar al hombre diciendo su nombre completo. El hombre continuó leyendo-

"Como voluntad de Carol Andrea Martínez Cueva, usted queda a cargo de toda posesión material e inmaterial de la antes mencionada. Esto incluye su cuerpo físico y sus memorias de inicio a fin."

Irene escuchaba atónita y sin poder creer lo que el hombre decía. Aun no entendía lo que estaba ocurriendo.

- "No, no, espérense, ¿De qué rayos están hablando?" - Preguntó, pero el hombre no se inmutó ante su reacción y continuó leyendo.

"Este derecho es irrevocable e intransferible. El cambio viene con una obligación a ser cumplida si el destinatario acepta el destino"

El hombre bajó el sobre y miró directamente a Irene. - "Irene, ¿acepta usted las condiciones propuestas para preservar la vida y destino que le ha sido asignado?"

Irene lo miró con incredulidad. - "¿Me están jodiendo? ¿Acaso quieren que acepte arrebatarle todo a mi nieta?"

- "Arrebatar no, aceptar. Esta es la voluntad de Carol, si usted no la acepta, este derecho se perderá y usted compartirá el mismo destino". - El hombre dijo mientras estiraba el sobre para que Irene sujete.

- "Déjenme ver si entendí bien. Carol, mi nieta... ella aceptó darme su vida solo porque sí. Y si yo no la acepto también tomarán la mía? Ustedes son unos desgraciados".

- "Si usted acepta, todas sus preguntas serán respondidas" - El hombre dijo mientras estiraba el brazo insistiendo una última vez. - "El tiempo se agota, tienes hasta la 1am".

Irene volteó al reloj, eran las 12:58 y no podía perder más tiempo. En su mente tenía un debate interno. ¿Acaso debía aceptar lo que Carol le dio? ¿Estaría mal tomar el lugar de su nieta? ¿Por qué esto le sucedió? Mil preguntas más pasaron por su cabeza. Cuando se dio cuenta, ya eran las 12:59 y faltaban unos segundos para que se acabe el tiempo.

En el último segundo, Irene estiró su brazo y tomó la carta, haciendo que ésta emita un brillo junto con los ojos de Irene. El brillo dejó cegada a Irene, quien no podía ver nada más que todo el blanco, incluso si intentaba cerrar los ojos o taparlos, lo que único que veía era esa luz cegadora, hasta que poco a poco el brillo comenzó a disminuir gradualmente. Sin embargo lo que veía no era el edifico en donde estaba, sino que se encontraba en su antigua casa, y no solo eso sino que podía ver su antiguo cuerpo sentado en un sillón, mirándola. Ella miró hacia abajo, notando que aun estaba en el cuerpo de su nieta, sin embargo ambas se encontraban en una versión mucho más joven, siendo Carol una niña e Irene una mujer de mediana edad. Irene reconoció el momento, se trataba de la ocasión en que Carol había roto una ventana accidentalmente, en ese momento llegó Gabriela a regañar a la pequeña, Irene recordaba vagamente este momento pero ahora lo estaba viviendo en carne propia desde la perspectiva de su nieta.

Después de eso, Irene comenzó a revivir más momentos de la vida de Carol. Desde sus primeros recuerdos siendo una bebé hasta sus momentos más íntimos, como la primera vez que notó que sus pechos estaban creciendo, su primera menstruación. Su primer beso, su primera caricia, incluso la primera vez que se masturbó. Todos estos momentos no solamente los estaba mirando sino que los estaba viviendo, podía sentir todo: cada caricia, cada enojo, cada alegría. Todo lo que alguna vez Carol había sentido, pensado, experimentado o hecho ahora le pertenecía a Irene. 

Junto con todo esto, ella también podía entender a la perfección a Carol. Aunque la joven había estado rodeado de una familia cercana, ella en su interior guardaba un resentimiento hacia ella misma, lo cual hacia que ella no se sintiera merecedora de nada bueno, incluida a su propia familia, su cuerpo o incluso su vida. Habiendo contemplado en un par de veces el terminar con ésta.

La vida de su nieta continuó avanzando, hasta llegar al momento en que conoció por primera vez al grupo de encapuchados. Con todos sus recuerdos, ahora Irene comprendía el porqué Carol había buscado este tipo de personas. Si había alguna manera de escapar de esta vida "inmerecida" y que encima implique permitir que alguien más pueda tomar tu lugar, sería una forma de ganar para ambas partes. 

Los pensamientos que Carol plasmó en su diario cobraban sentido. Irene vivió de primera mano el escribirlos, el sentimiento de incertidumbre si todo esto era real o solo una secta que buscaba estafar. Desde la mente de Carol pudo ver todos los "procesos" en los que la gente era intercambiada, o incluso realizaban otros rituales como cambiar la apariencia física de una persona o transformarla en el sexo opuesto.

Irene intentaba tomar el control y actuar por su cuenta pero al tratarse de recuerdos no podía hacer nada al respecto, más que vivir todo como si fuera una película en la cual podía oler y sentir todo. Conforme pasaron los días, ella comprendió que la secta actuaba de manera oscura y por las sombras, pero siempre actuaba de manera justa y con el consentimiento de las personas que desearan un cambio en su vida. Fue entonces cuando revivió el momento en el que Carol solicitó un cambio para ella. Al igual que en las cartas que ella dejó escritas, su nieta se había sentido mal con Irene, al dejarla abandonada por mucho tiempo sin mostrar preocupación. A pesar de todo, en los propios recuerdos de Carol, Irene pudo sentir el gran amor que su nieta le guardaba de toda la vida, y desde esta perspectiva, Carol sentía que su abuela había perdido muchos años de su vida cuidando a la familia, soportando una vida solitaria desde que el abuelo falleció.

El trato que Carol hizo con la secta fue intercambiar sus cuerpos, para que Irene pudiera vivir una nueva aventura y una nueva vida. La vida que ella no sentía merecedora. Sin embargo una parte de este proceso requería que una de las dos partes tendría que perecer para poder sellar el cambio de manera permanente. Carol eligió ser ella quien sufriera este destino, sin embargo era consciente que su abuela nunca permitiría que algo así sucediera, así que tuvo que fingir no saber qué era lo que estaba pasando para que Irene no hiciera algo al respecto.

Entonces Irene comprendió los últimos días. Los mareos y malestar de Carol en su cuerpo anciano eran consecuencia del trato, su salud se deterioró pero fingió no saber nada. Y entonces en el hospital, Carol le dejó señales para que Irene se distrajera encontrando pistas y persiguiendo a los hombres encapuchados. Todo esto para que durante ese tiempo Carol pudiera abandonar el mundo sin nadie a su alrededor. 
Irene sentía una mezcla de dolor y frustración pero también una sensación de alegría al comprender que el plan de su nieta había funcionado, y ahora, después de todo, ella era Carol. Y finalmente podía entender y compartir los motivos de por qué Carol hizo lo que hizo, y junto con eso también podía sentir la nueva vitalidad que había heredado con su cuerpo. Su sentimiento de culpa había disminuido hasta casi desaparecer con todos los recuerdos y sentimientos de Carol. Tras esta revelación ella finalmente había aceptado el cuerpo que se le había dado y había aceptado la nueva vida que le esperaba.


Cuando la experiencia acabó, el sol ya iluminaba el cielo y los pasillos del edificio. Irene apareció de entre las paredes de aquel lugar, saliendo hacia la calle, pero esta vez tenía un semblante distinto. Una mirada llena de luz, una sonrisa discreta y una manera de caminar que transmitía seguridad y confianza. La mujer que salió de ese edificio era una mujer distinta, una mujer nueva, una mujer renovada. Una mujer con la vitalidad de una joven pero la experiencia de una persona mayor. Irene había elegido un nuevo inicio. Ahora tenía el doble de razones para vivir una nueva vida.

Y a medida que ella se alejaba por el horizonte, a lo alto del edificio aquel hombre encapuchado observaba con una sonrisa en su rostro. Se dio la media vuelta, caminando hacia un escritorio de donde sacó la fotografía de Irene y Carol, unidas por el tallo de una flor. El hombre sacó un cerillo y prendió fuego a las fotos, incinerándolas, lo cual despidió un humo color rosa. Finalmente el hombre guardó el cerillo y pronunció las palabras "Asunto terminado". 


Fin



lunes, 25 de agosto de 2025

Asunto familiar, capítulo 4




Irene salió a la calle con el diario en mano. Ella no sabía cómo utilizar el celular de su nieta así que no pudo pedir un Uber para llegar a la ubicación y tampoco quería pedir un taxi tradicional ya que no contaba con mucho dinero en efectivo, por lo que caminó siguiendo las calles que había visto apuntadas.

Ella recordaba vagamente el rumbo para llegar a la estación abandonada, por lo que solo le bastó con preguntar a un par de personas que le guiaron hasta llegar.

Una vez llegó al edificio, Irene se sintió abrumada ante un gran edificio que brillaba de vida cuando ella era una joven de la misma edad que el cuerpo que ahora evitaba, ahora convertido en una sombra del ayer. La entrada no se encontraba vigilada y solamente tenía una cinta gastada de No Pasar. 

La mujer la hizo a un costado y se dirigió al interior de la estación, encontrando pisos llenos de escombro y polvo, ventanas rotas y puertas que apenas se sostenían de pie con bisagras oxidadas. 

Caminando por los pasillos ella sentía como si una presencia la estuviera siguiendo, pero al voltear no podía ver a nadie.

- "¿Hola? ¡¿Hay alguien aquí?!" - Irene decía con voz temblorosa, apretando el diario en su pecho. Sin embargo no recibía respuesta alguna del edificio vacío.

Ella caminó por un par de pasillos más pero tuvo la misma suerte, sin embargo sentía que la presencia que la acechaba era cada vez más pesada, por lo que se dirigió rápidamente a la salida, en donde finalmente se sintió a salvo caminando por las calles.

Tenía la intención de dirigirse al hospital para visitar a su nieta, pero se sentía un tanto desorientada por la ciudad así que prefirió ir de vuelta a la casa de Carol para poder buscar más cosas que le pudieran ayudar a encontrar a las personas misteriosas detrás del cambio.

A unas cuadras de casa de Carol, Irene volvió a sentir nuevamente la presencia del edificio. Volteó pero no vio a nadie detrás de ella. Continuó su camino por un par de calles más, volteando en todo momento sin embargo no podía ver a nadie. 

Una vez que llegó a la puerta de casa de Carol, Irene sacó las llaves para abrir cuando de repente un escalofrio recorrió toda su joven espalda. Ella podía sentir que había alguien parado justo detrás de ella. 

- "Señora Irene" - Una voz fría a secas dijo por su espalda.

Irene volteó lenta y temblorosamente, para encontrar una figura alta y encapuchada a pocos metros de ella. Soltó un pequeño grito ahogado y sujetó sus llaves como si fuera una especie de cuchillo para defenderse.

- "No se me acerque, ¿qué quiere?" - Irene le dijo con la voz nerviosa, ignorando por completo que aquel sujeto la había llamado por su nombre real y no por el de su nieta.

El sujeto dio un paso adelante acercándose a ella. - "No tema, no vengo a hacerle daño." - Dijo con una voz que parecía no tener ninguna emoción. Luego de eso sacó un sobre de papel de una de sus mangas, el cual estaba sellado con una cera oscura y un símbolo similar a los que Irene había observado en el diario de Carol. - "Esto es para usted".

El hombre caminó hasta quedar a solo un paso de Irene. Ella intentó amagar con sus llaves pero era inútil, aquel sujeto parecía no reaccionar a nada, como si fuera una especie de robot, o un fantasma.

- "No quiero nada, no me interesa. ¡Aléjese por favor!" - Irene le decía con la voz alterada y dando un paso hacia atrás, haciendola topar con la puerta, sintiéndose arrinconada.

- "Es de parte de su nieta, lo entenderá todo". - El hombre dijo, estirando su mano para entregar el sobre.

Irene quedó helada al caer en cuenta de lo que ocurría. Ese hombre era uno de los hombres misteriosos que ella había estado buscando. Se paralizó por un segundo y luego estiró un brazo para recoger el sobre.

- "¿Qui... quiénes son ustedes?" - Preguntó, pero no recibió respuesta. El encapuchado se mantenía inmutable. Irene bajó la mirada para observar a detalle el sobre. Confirmó que el símbolo del sello era idéntico a las formas que Carol dibujaba en el diario. Alzó la mirada para confrontar al encapuchado, sin embargo se dio cuenta que ya no había nadie frente a ella. Aquella figura alta y oscura se había desvanecido sin dejar ningún rastro.


Una vez dentro de casa, Irene se dirigió al cuarto de Carol y colocó el sobre junto con el diario, comprobando que el sello era la misma figura extraña. Se moría de miedo por dentro ya que todo esto era muy misterioso, pero aun así se decidió a abrir el sobre, revelando un mensaje que le heló la sangre.

"Abuela, si llegas a leer esto, significa que el proceso que hice salió bien y ahora eres una persona llena de vida. No sé qué pasará pero solo deseo lo mejor para ti. Tú me cuidabas siempre cuando era pequeña y siempre he querido devolverte todo lo que me has dado.
En los últimos meses nos hemos distanciado y siento mucho si esto te hizo sentir mal. Ahora con la ayuda de estas personas, me han permitido brindarte una nueva vida, será un cambio radical para ambas, y ya he sido testiga del proceso de otras personas. Si todo resulta una farsa supongo que habré perdido mi tiempo, pero si esto resulta real entonces tú recuperarás tu juventud y tendrás la oportunidad de vivir al máximo una vida que yo no he querido. Sé que no estarás de acuerdo con esto, pero es algo que yo quiero darte desde el fondo de mi corazón. No tengo muchos sueños o anhelos que me hagan tener ganar de levantarme a diario pero sé que tú sí. Así que disfruta tu nueva vida". 


Irene no podía creer lo que leía, las lágrimas rodaban por sus tiernas mejillas al leer las palabras de Carol. - "¿Ella siempre supo lo que ocurría? ¿Por qué no me lo dijo desde un inicio? No puedo aceptar esto, no puedo ver a mi nieta sufrir en mi cuerpo" - se decía a sí misma. Ahora tenía dudas que necesitaba resolver, y solo había una persona que podía contestarlas. Ella puso la carta en el escritorio y se levantó para colocarse sus zapatos para salir, pero cuando volteó para tomar la carta vio cómo la carta se empezó a desintegrar frente a sus ojos, como si mágicamente se estuviera incinerando desde dentro.

Asustada y con el corazón agitado, no quiso perder más tiempo y salió a todas prisas hacia el hospital para ver a su nieta. Al sacar el celular de Carol, intentó usar la app de Uber pero no sabía, por lo que le preguntó a un hombre que pasaba cerca, quien le ayudó amablemente.

- "Gracias, jovencito" - Irene le dijo, a lo que el hombre sonrió de forma un tanto burlona.

- "Órale, ni que estuvieras tan grande, estamos de la misma edad, niña" - Le contestó, mientras se alejaba con una risa.

Una vez en el auto, Irene sentía una inexplicable angustia que le oprimía el pecho. No entendía por qué se sentía así pero sabía que necesitaba llegar con su nieta lo más pronto posible. Sin embargo su angustia se hizo más grande cuando a medio camino el celular comenzó a sonar, era una llamada del padre de Carol, Mauricio, quien con una voz nerviosa y preocupada le informó que "su abuela" había tenido complicaciones en su salud y se encontraba grave, por lo que debería acudir a visitarla. Irene, alterada, le respondió que ya estaba en camino y llegaría pronto.

Una vez que llegó al hospital, Irene corrió como hace décadas no hacía, para llegar al pasillo en donde estaba la habitación de su nieta, sin embargo se encontró con Gabriela llorando en una banca, con Mauricio consolándola y un grupo de personas rodeando la zona para no dejar pasar a nadie. Irene sintió un agujero en su pecho, como si el mundo se hubiese detenido por unos segundos. Ella podía darse cuenta de lo que esa escena significaba. 

Se acercó con los ojos llorosos hacia Gabriela, quien alzó la mirada y rápidamente la jaló del brazo para fundirse en un fuerte abrazo.

- "Hija, lo siento mucho, tu abuelita..." - Gabriela le dijo entre sollozos y una voz ahogada.

Irene no pudo decir ninguna palabra, se sentía completamente paralizada ante la situación, no podía creer lo que estaba pasando. Mauricio también las abrazó, uniéndose los tres en un lamento.

- "Señora Gabriela, disculpe por la interrupción. Antes que nada mi más sentido pésame por su madre" - Un hombre con uniforme del Hospital le dijo, de manera educada. - "Pero me temo que necesito que me acompañe para realizar los trámites necesarios, usted como hija es la titular".

- "Discúlpenos, señor. Estamos en un momento muy grave, mi esposa no está en condiciones" - Mauricio respondió, poniéndose de pie y dirigiéndose al trabajador. - "Como yerno, también estoy en derecho, me parece. Así que yo haré los trámites necesarios en lugar de mi mujer".

El hombre asintió y se alejó del lugar junto con Mauricio. Irene observó la escena, admirando el gesto de Mauricio hacia su hija, y luego continuó abrazando a Gabriela.

- "¿Pero qué pasó? mi ni... abuela estaba bien, solo era un pequeño derrame" - Irene preguntó a Gabriela.

- "Aun no sabemos bien, mija, me llamó el Doctor diciendo que hace unas horas comenzaron a ocurrir complicaciones en la salud de tu abuela, al parecer el derrame solo era un aviso de algo peor" - Gabriela le dijo, recuperando el aliento para poder hablar - "No lo sé, es como si de repente algo se hubiera activado en ella, ¿sabes?"

Esas últimas palabras hicieron que Irene relacione todos los hechos. El repentino deterioro de Carol, cuando ella a pesar de su edad aun mantenía una buena salud, sus dolores de cabeza, sus mareos. Era como si a partir del cambio, su cuerpo anciano automáticamente hubiese colapsado. Tal vez por la presencia de Carol, o quizás algo más, quizás el ritual requería que una de ellas desapareciera.

Irene se levantó, dio un par de pasos para irse del lugar a buscar a los hombres encapuchados. Sin embargo el llanto de Gabriela la hizo detenerse. Si bien ahora ella era "la hija", no podía dejar su lado materno y prefirió regresar para seguir consolando a su hija.


Al día siguiente, la familia se encontraba reunida en un cementerio, enterrando el cuerpo de Irene. La mujer, vestida de negro y con una mirada vacía, observaba la escena. Cómo su nieta se había ido de este mundo junto con su cuerpo y ahora ella poseía su juventud. Sabía que esto había sido la voluntad de Carol, pero sentía culpa, ella no se sentía merecedora de ese regalo de vida, y deseaba ser ella quien estuviera realmente en el ataúd.


"Ella se ha ido, para siempre. Y ahora solo quedo yo... ésta soy yo" 

Irene pensaba para sí misma mientras la gente se alejaba para subirse a sus autos y ella se quedaba ahí, en medio del campo mirando hacia el horizonte. Sus padres se acercaron para pedirle que se retiren, pero ella les dijo que se vayan, pues quería quedarse a solas un momento para poder despedirse. 

La pareja hizo caso y se fueron, no sin antes que Irene le pidiera a Mauricio hablar un momento a solas.

- "¿Qué pasa, hija?" - El hombre le preguntó, creyendo que quizás la mujer necesitara ayuda en algo.

- "Nada, yo... yo solo quiero agradecerte por todo... Papá" - Irene dijo con una sonrisa y mirando a Mauricio con admiración y respeto por primera vez, pues antes solamente lo soportaba al ser el marido de su hija.

- "¿Todo de qué, hija?" - Mauricio respondió extrañado y con una sonrisa.

- "Por encargarte de todo: los trámites, llevarnos a todos lados, de cuidar a... mi madre. En verdad que nos has ayudado mucho y no sé cómo podría pagarte" - Irene le dijo y luego lo abrazo de manera fraternal.

Mauricio no entendía la situación, y se sentía extraño al escuchar hablar así a quien creía que era su hija. Sin embargo no cuestionó nada y simplemente la abrazó de vuelta, sintiendo el cariño genuino de aquella mujer.

Después la pareja se marchó e Irene se quedó unos minutos observando la tumba, aun incrédula de todo lo que había pasado en los últimos dos días. Ella miraba al cielo, implorando por respuestas a lo que debía hacer ahora. Se sentía perdida. Sí, tenía un cuerpo en buena forma, juventud y mucha vitalidad, pero este era un mundo totalmente ajeno a ella, se sentía como una completa desconocida y fuera de lugar. No sabía ni cómo manejar un celular, ni usar las redes sociales o sobre moda actual.

Justo cuando se disponía a irse, sintió un frío recorriendo su espalda. La misma sensación que tuvo cuando el encapuchado se apareció en casa de Carol. Ella volteó, comprobando que aquél sujeto se encontraba parado a la distancia, observando todo. Irene no perdió ni un segundo en correr hacia él.

- "¿Qué haces tú aquí? ¡¿Ustedes le hicieron esto a mi nieta?! Era solo una niña, ¡por Dios!" - Le reclamó con todas sus fuerzas, pero el hombre no se inmutó, al igual que el encuentro anterior.

El hombre no llevaba máscara en este encuentro, sin embargo su capucha hacia que la sombra ocultase su rostro. Él solamente estiró su brazo, entregando un nuevo sobre con el sello característico. Irene lo tomó, esta vez sin quitar la mirada de encima para que no desapareciera.

- "Quiero que me expliques todo, por favor. Nada de cartas, quiero la verdad".

- "Solo léela" - Respondió con la misma voz frívola.

Irene se negaba a quitar la mirada de encima, pero tuvo que abrir la carta, mirando de reojo al hombre para no perderlo de vista. Dentro de la carta simplemente había una dirección escrita.

- "¿Y esto qué? No pienso ir a ningún lado hasta que no me digas qué quieren" - Irene le dijo poniendo un brazo en su cintura.

- "Nos vemos a la media noche" - El encapuchado dijo. Y luego de eso el claxon de un automóvil distrajo a Irene, era el auto de Mauricio quien se acercó para que se fueran juntos. Al voltear nuevamente, el hombre ya había desaparecido. Irene maldijo entre dientes la distracción pero luego se subió al auto, preguntando a la pareja si vieron a alguien cerca de ahí, a lo que ellos respondieron que no había nadie y solo estaba ella sola en medio del campo.

Mientras el auto se alejaba del lugar, Irene volteó hacia atrás, para notar que la silueta de aquel hombre estaba junto a un árbol, observándola a la distancia.



sábado, 23 de agosto de 2025

Mi cuerpo ya no es mío

Había escuchado rumores en internet, sobre todo en algunos foros donde la información es de procedencia dudosa, por lo que no lo di tanta importancia al inicio. Me parecía algo peligroso pero ridículo e imposible. No había manera de que algo así pudiera suceder.

Pero entonces el pánico se hizo presente cuando la noticia comenzó a aparecer en los noticieros de la televisión. La gente se volvió loca ante algo de tal magnitud. Todo era real y todos estábamos en peligro.

"Hace unos días, el polémico y exclusivo Body Bank sufrió un asalto en sus instalaciones. Los encargados del lugar se han reservado gran parte de la información para no hacerlo público, sin embargo una fuente confiable confirma que el asalto tuvo como resultado el robo de equipo de alta tecnología y bases de datos. Se estima que las pérdidas podrían ser millonarias. Sin embargo otras fuentes cercanas confirman que el equipo robado es suficiente para lograr replicar los procesos de intercambio de cuerpos, por lo que se le advierte a los ciudadanos permanecer atentos a los avisos oficiales y ser precavidos. En caso de no ser necesario, permanezca en casa y aislado el mayor tiempo posible."

Le llamé a mis padres para avisarles pero no parecían preocupados en absoluto, me decían cosas como que eso solo es un invento del gobierno para controlarnos. No quise insistir pero me conformo con haberles advertidos. Algunas de mis amigas también me decían que no debía preocuparme. 

La verdad es que yo siempre fui escéptica con este tema. Desde que anunciaron la apertura de ese famoso Body Bank, solamente he sabido de uno o dos casos de personas que realizaron un intercambio, pero es algo fuera de el alcance de casi toda la gente.

Yo por mi parte he tratado de estar en casa, pero todo es aburrido así que de vez en cuando me escapo con alguna amiga para distraernos. O incluso me gusta salir con algún chico para que me invite al cine. Hablando de eso, justamente hoy tenía una cita por la noche con Ramiro, un chico del trabajo que siempre es muy atento conmigo y encima es guapo y alto. Esperaba que todo salga bien, en verdad me gusta mucho.

Mientras me preparaba para la cita, escuchaba música y terminaba un pendiente del trabajo que traje a casa. Luego al cerrar la ventana del navegador, olvidé que tenía abierto un sitio web de noticias en donde leí por primera vez lo de aquel robo al lugar ese. Había una nota nueva, que decía que se reportaban desapariciones de algunas personas. Y otras personas reportaban que algunos de sus amigos o familiares se comportaban extraño, como si fuesen otra persona. Todo esto siendo atribuido a que quizás los ladrones lograron usar los aparatos robados para cambiar cuerpos o incluso poseer a personas. Esto me erizó la piel, ya que si era cierto entonces todos estábamos en peligro, y ni los policias ni nadie podía defendernos.

Sin embargo mi cita aun estaba pendiente, y realmente me gustaba ese chico, por lo que decidí seguir adelante. Entré a bañarme para estar fresca. Un rico baño que me transportaba a otro mundo, pero mientras estaba en la regadera me pareció escuchar un ruido afuera, como si se hubiera abierto una ventana. Pensé que quizás era mi imaginación y seguí adelante. Después cuando iba saliendo de la regadera vi como la puerta del baño se abrió con fuerza y me golpeó en la cabeza. Luego de eso debí haberme desmayado.

Pero lo peor fue al despertar. Abrí los ojos e intenté moverme pero mi cuerpo no respondía. Me asusté creyendo que tal vez me había roto los huesos o que me había golpeado la cabeza al caer y había quedado inválida, pero luego vi como mis manos comenzaron a moverse por sí solas, luego mis piernas y finalmente el resto de mi cuerpo se puso de pie, caminando hacia el espejo del baño para ver mi propio reflejo desnudo. No entendía nada de lo que pasaba, mi cuerpo estaba actuando por su propia cuenta, y mi rostro... Dios, mi rostro tenía expresión cachonda como nunca antes la había tenido.

Mis manos comenzaron a acariciar mis pechos y podía ver cómo mis pezones se endurecían. ¡Esto era una pesadilla! En especial viendo cómo mi cara tenía expresión excitada y comenzaba a jadear y gemir. Luego las manos bajaron a mi entrepierna y todo empeoró cuando escuché mi propia voz diciendo: "Oh, que pinche puta tan rica me conseguí". Ahí fue donde todo hizo sentido... alguien entró a mi casa por la ventana y me poseyó cuando estaba inconsciente. Y lo peor de todo es que yo no podía hacer nada, era solamente una espectadora de mi propio cuerpo y ahora un completo desconocido me controlaba a su voluntad.

Luego de manosear y masturbar mi cuerpo por casi media hora, mi cuerpo se levantó y caminó a mi cuarto, buscando entre mi ropa. Yo seguía en shock por todo lo que pasaba, aunque fuesen mis propias manos las que me tocaban, yo me sentía violada y humillada. Vi como la persona que controlaba mi cuerpo exploraba toda mi ropa y tiraba mis calzones por toda la cama, agarrándolos y oliéndolos uno por uno, al igual que con mis brassieres. 

Se portó un tanto torpe al momento de vestirse, maldiciendo la ropa de mujer por ser tan extraña pero finalmente se vistió con una falda corta y una blusa escotada, modelando y menando mis caderas frente al mismo espejo del baño donde me manoseó antes. En eso, mi celular comenzó a sonar, era una alarma para no olvidar mi cita de hoy.

"Hmm, ¿Ramiro eh? Bueno vamos a darle gusto a este chico, tal vez sea adinerado y logre bajarle algunas cosas. En una de esas me quedó mejor con su vida aunque esta vieja está bien buena para dejarla ir pronto".

Ahora Ramiro estaba en peligro y no había nada que yo pudiera hacer. Ahora mi cuerpo ya no me pertenecía.





Hola a todos. Espero les haya gustado esta historia corta. No tendrá más continuación en sí, por lo que si otro blog o escritor desea continuarla o retomar el "recurso" del BodyBank teniendo su tecnología robada, es libre de hacerlo.

miércoles, 20 de agosto de 2025

Asunto Familiar, Capítulo 3


Capítulo 2


- "¿Que hiciste qué?" - Irene le preguntó sorprendida a su nieta mientras ponía una mano sobre su pecho.

- "Lo sé, lo sé, es solo que yo no pensé que fuera algo real" - Carol respondió con la voz nerviosa y alterada - "Creía que era algo por diversión o no lo sé".

- "No, hija, eso no puede ser. Es que esas cosas solo pasan en la te..." - Irene intentó negar pero a media frase se dio cuenta de que sí era real. - "¿Esto no es un sueño? En verdad, es que esto es inverosímil" - Seguía diciendo en negación.

- "No, no es un sueño, abue. Ojalá lo fuera, al menos entendería que es esa palabra" - Carol dijo, a lo que Irene reaccionó con una mirada juzgona. - "Sin ofender, claro".

- "Mira, hija, tenemos que encontrar una manera de revertir esto... si ellos hicieron esto, seguro ellos pueden deshacerlo" - Irene le dijo mientras empezó a caminar algunos pasos al rededor de la cocina.

- "No, espera, abue" - Carol dijo poniéndose de pie lentamente - "No es tan fácil, esas personas son muy misteriosas. No sé cómo llegar a ellos".

- "¿Qué tal si empezamos por contarme todo lo que sabes ellos?" - Irene respondió poniendo sus brazos en su cintura.

Carol suspiró y luego tomó a su abuela del brazo para sentarse nuevamente.

Comenzó a contar sobre foros y sitios de internet en donde se hablaba acerca de el BodySwap, un tema que era nuevo para ella y le llamó la atención al instante. Imaginarse en el lugar de otra persona, vivir el día a día de alguien más o simplemente escapar de tu propia realidad. Todo era posible con una buena imaginación y compañeros que compartieran ese mismo gusto. Carol recalcó que ella no lo veía como un fetiche ya que no le interesaba tener sexo ni nada lascivo imaginando ser alguien más, ella solamente quería ver la vida desde otros ojos.



Irene interrumpió un par de veces a su nieta, impresionada al enterarse de todo este mundo, incluso llamándola impúdica y juzgando con sus expresiones faciales.

- "Bueno, si me permites..." - Carol siguió con su relato - "Un día me llegó una solicitud de mensaje, se hacía llamar... amm, no recuerdo bien su username" - dijo rascándose la cabeza. Recordar le costaba con su mente vieja y cansada.

- "Su ¿qué? Ay hija no entiendo la mitad de las cosas que dices, solo dime dónde están y vamos a verlos" - Irene le dijo, ya impaciente.

- "Su nombre de usuario, abue. Era algo como Kurbo, o bueno no sé, el caso es que me contactó y me dijo que había visto potencial en mí y otras cosas, la verdad no le creí y pensé que era alguna estafa piramidal, ya sabes".

- "¿Qué tienen que ver las piramides?" - Irene respondió confundida.

- "No nada, abue" - Carol dijo mientras movía la cabeza - "El caso es que pensé que solo quería dinero o algo, pero le seguí el juego por alguna razón. Me comenzó a hablar sobre un grupo exclusivo que iban más allá de fantasear y me quería dentro."

- "¿Y tú aceptaste? ¡Hija te pudo pasar algo!"

Carol solo la miró con ironía, a lo cual Irene asintió con frustración.

- "El primer día que fui, recuerdo que tenía miedo, era de noche y estaba en un edificio abandonado en el centro. No recuerdo bien, están muy borrosos mis recuerdos, no sé por qué" - Carol dijo tallándose los ojos.

- "Respira, hija. Sé que todo es muy cansado a mi edad".

- "Solo recuerdo que de repente estaba en medio de gente encapuchada y estaban hablando como si estuvieramos en misa."

- "¡Óyeme! No le faltes al respeto al coro de la iglesia, esos niños son unos santos" - Irene dijo llamándole la atención.

- "Ay ya, abue, y bueno luego de eso no recuerdo mucho, solo recuerdo hablar con personas pero sus rostros se me hacen muy borrosos. Y bueno recuerdo ir algunas veces más, era cada 15 días más o menos".

- "¿Y luego qué paso? ¿Cómo hicieron el cambio? ¿Recuerdas la dirección? ¡Dale, hija!, Tienes que acordarte. No podemos quedarnos así." - Irene dijo apurada.

- "No, abuela, y ya basta por favor. Me está doliendo mucho la cabeza, quiero... quiero acostarme" - Carol dijo poniéndose de pie y comenzando a caminar hacia su cuarto pero de repente se desvaneció e Irene corrió a ayudarla. Comenzó a abanicarla y gritar pidiendo ayuda.


Después de unos momentos, los paramédicos llegaron al lugar, llevándose a Carol al hospital. Irene decidió acompañar la ambulancia mientras le sostenía la mano a su nieta. 

Al llegar al hospital, pronto los padres de Carol se hicieron presentes, abrazando y consolando a quien creían que era su hija. Irene estaba muy alterada y con los ojos llorosos al ver cómo su nieta estaba grave, culpándose y diciendo que debía ser ella quien estuviera en ese lugar. Gabriela y Mauricio pensaban que ella solo estaba siendo empática, sin entender el trasfondo de esas palabras.

El matrimonio le pedía a Irene que se fuera a descansar a casa pero ella insistió en quedarse todo el tiempo hasta que pudiera ver nuevamente a su nieta, lo cual ocurrió hasta el anochecer. En cuanto recibió la autorización del doctor, Irene entró eufórica a ver a su nieta y le sostuvo la mano, diciéndole lo preocupada que estaba. Carol también se alegró de verla, sonriendo de manera pasiva.

El doctor entró a la habitación, acompañando a la familia.

- "Buenas tardes, soy el Dr. Paredes y estuve a cargo de la Sra Irene" - dijo en un tono amable, presentándose. Gabriela y Mauricio le estrecharon la mano agradeciéndole. - "Tienen suerte, unos minutos más que hubiera tardado en llegar y no estaríamos aquí" - terminó diciendo con un tono de alivio.

- "¿Qué le pasó a mi madre?" - Gabriela preguntó angustiada.

- "La Sra Irene presentó un accidente cerebrovascular isquémico leve, pero gracias a la intervención de nuestro equipo se pudo controlar debidamente".

- "¿Un qué cosa de quién?" - Mauricio interrumpió confundido. Los rostros de todos los demás presentes tenían la misma expresión.

- "Un ligero derrame cerebral" - Dijo el doctor, ahora dirigiéndose a Carol. - "Sra. Irene, ¿sufrió de algún susto o alguna experiencia impactante? En su historial no tenemos antecedentes de algún accidente de esta índole".

Carol e Irene se miraron entre sí por un segundo. Era claro que el impacto de todo lo ocurrido en el día le estaba pasando factura al cuerpo viejo que ahora Carol tenía, pero no podían revelar nada al respecto así que fingieron no saber nada al respecto, inventando una mentira.

- "Mi n... abuela estaba en mi casa ayudándome en la cocina y de repente se sintió mal, tal vez algún olor o algo" - Irene dijo rápidamente.

- "¿Y desde cuándo le dices a tu abuela que te visite para cocinar?" - Gabriela preguntó, extrañada.

- "Ya hija, no empieces, lo importante es que no pasó nada" - Carol dijo desde el cuerpo de su abuela.

Luego de eso, el Doctor se retiró, no sin antes decirles que la mujer necesitaría quedarse unas horas más en observación antes de poder darle de alta, ya que sus defensas estaban muy bajas.

Mauricio y Gabriela se retiraron también, dejando a las dos mujeres a solas. Irene aun tenía algunas lágrimas por la preocupación y culpa de ver a su nieta sufriendo, pero Carol le pidió calmarse.

- "Abue, respira, no pasó nada grave. Yo estoy bien, ahora lo importante es que podamos regresar a mi casa, o al menos creo que tú podrías ir para calmar a mis papás. 

- "Hija, no puedo dejarte así, yo me quedo hasta que te den de alta y nos vamos juntas".

- "Abue, en serio, estaré bien, mejor ve a mi casa e intenta buscar en mi celular si puedes encontrar algo que nos ayude a dar con esas personas."


Irene se fue, a su pesar, pero también estaba decidida a buscar una manera de revertir todo esto. Por lo que al llegar a casa de Carol, comenzó a buscar entre sus cosas. Se sentía rara al esculcar entre las cosas de su nieta, viendo toda la ropa que ella tenía, tanto blusas como vestidos y luego su ropa interior. Al pasar en esta parte, un par de calzones llamaron su atención, uno blanco y uno negro, ambos de encaje y con un corte no tan conservador como ella usaría. 

Los hizo a un costado y siguió buscando, recordando la libreta que había visto el día anterior. No tardó mucho en encontrarla nuevamente y se sentó en la cama para leerla con más detenimiento. Leyó nuevamente los pensamientos negativos de Carol, y en unas páginas leyó cómo ella no se sentía cómoda con su cuerpo, deseando poder tener otro cuerpo o incluso deseando que alguien más tuviera su cuerpo para usarlo de una manera mejor que lo que ella lo haría. 

Irene tenía sentimientos encontrados al leer esto. Por un lado le dolía que su propia nieta se sintiera de esa manera consigo misma. "¿Acaso ella odiaba su cuerpo? Pero es tan hermoso, su rostro tan delicado y estos pechos firmes..." Pensó para sí misma mientras miraba hacia abajo, notando un ligero escote que se formaba con su blusa. Sentía la curiosidad de ver esos pechos nuevamente pero se resistía, leyendo más de los escritos de su nieta. A medida que pasaban los minutos, su mirada pasaba de las hojas a su escote cada vez más seguido, luego miró de reojo al closet en donde estaba el par de calzones de hace un momento. La tentación era cada vez mayor y ya no la dejaba concentrarse, al punto de ceder, dejando la libreta a un lado en la cama y caminando hacia el closet. 

Ella tomó el par de calzones, imaginando cómo se verían en el cuerpo de su nieta para luego decirse a sí misma "¿Para qué imaginar? Ahora soy ella" con una sonrisa traviesa. Pronto la mujer se encontraba modelando frente al espejo la ropa interior, sonriendo al sentirse más femenina de lo que se había sentido en los últimos 30 años.

Luego de eso, comenzó a sentir como su cuerpo se sentía caliente y empezó a sudar, desabotonándose la blusa hasta dejar sus pechos libres. Internamente aun sentía culpa pero la calentura y sus hormonas jóvenes se habían apoderado de ella, haciendo que bailara de manera lenta y sensual, pasando sus manos por todo su cuerpo, sintiendo como se erizaba cada poro de su piel. Al sentir la firmeza de sus pezones exitados se quitó la blusa por completo de un solo movimiento rápido para aventarla a la cama, quedándose con su bra y el calzón negro. 

Consumida por la lujuria se quitó el brasier, dejando sus pechos al aire y acariciándolos lentamente. Los gemidos eran incontrolables e incontenibles, Irene había dejado de pensar de manera sensata desde que sintió una ligera humedad en su entrepierna. La misma humedad que sintió en el baño de su hogar el día anterior pero había intentado contener, ahora estaba libre. Se bajó el calzón revelando una vagina húmeda y palpitante que le hizo sentir una explosión de placer al primer tacto con su dedo. Una sensación tan intensa que la hizo caer a la cama, ella se empezó a mover por instinto, el cuerpo de su nieta parecía tener voluntad propia e Irene se estaba dejando guiar por el placer.

Un gemido tras otro, la mujer estaba sumida en un mar de éxtasis que no podía detener. Las olas de placer la abatían sin darle respiro, sus manos temblaban mientras sus dedos, ya húmedos, continuaban introduciéndose en su joven vagina. Los pensamientos conservadores de Irene se desvanecieron por unos segundos y ahora solo había la necesidad de sentir más placer.


Sin embargo su momento de lujuria se vio interrumpido al escuchar el timbre de la casa. Se trataban de los padres de Carol, quienes lucían preocupados por su hija. Irene sintió un escalofrío bajando por toda su espalda mientras se detenía para recomponerse. Se sentó en la cama, aun respirando agitada y mirando hacia abajo para notar las sábanas húmedas y su ropa tirada en el piso. 

Un segundo sonido del timbre la hizo reaccionar para comenzar a vestirse rápidamente con ropa nueva, metiendo su ropa sudada en una bolsa dentro del closet. 

- "Ya voy, ya voy" - Irene decía desesperada mientras un tercer toque del timbre la apuraba.

Se colocó un short y una blusa sencilla, lo primero que encontró, y fue a abrir la puerta para encontrar a la pareja.

- "Hija, ¿estás bien? Te ves agitada" - Gabriela le preguntó mientras le sostenía el rostro. - "Estás caliente, seguro debes tener fiebre. Descuida ahora te preparo mi menjurje especial".

- "No, no pasa nada, es solo que yo... amm.. estaba haciendo ejercicio" - Irene dijo, intentando excusarse, pero Gabriela sonrió de manera incrédula.

- "¿Ejercicio? Hija tú eres la primera en decir que el único abdominal que haces es cuando te levantas" - Mauricio respondió entre risas. Gabriela lo miró de reojo en forma de reclamo, a lo cual el hombre ya no dijo más.

- "Estoy bien, en serio. No pasa nada. ¿En qué puedo ayudarles?" - Irene respondió desviando la atención.

- "Ay, qué modos son esos de hablarnos, ni que fueramos tus vecinos. Además estábamos preocupados por ti, hija". - Gabriela le dijo mientras pasaba y se sentaba en un sillón de la sala. Mauricio se sentó a su lado e Irene se quedó de frente a ellos. - "Desde que pasó lo de tu abuela, te hemos notado muy afectada".

- "Claro que me afecta, digo, es mi abue. ¿Acaso tú no te sientes igual o peor?" - Irene le cuestionó a su hija.

- "Por supuesto que sí, ¡es mi madre, por Dios!" - Gabriela contestó a manera de reclamo. - "A lo que voy es que ya sabes, tú y tu abuela no siempre tuvieron la mejor relación, yo siempre te decía que la debías visitar más seguido pero tú preferías quedarte en casa todo el tiempo".

Irene no respondió, se mantuvo en silencio ya que no podía argumentar nada. Ella extrañaba a su nieta, pero Carol no la visitaba tan seguido como le habría gustado. En los últimos meses había sentido una desconexión con ella, pero ahora estaba más vigente que nunca.

- "Yo sé, es solo que últimamente digamos que no me he estado sintiendo como yo misma" - Irene le dijo mirando al suelo. La angustia la consumía y sentía que debía decir la verdad pero no sabía cómo reaccionaría su hija.

- "Hija" - Gabriela le dijo con voz tierna, se acercó y le tomó de las manos - "Sabes que siempre que necesites algo nos tienes a tu papá y a mí. No estás sola, y tu abuela tampoco lo está, nos tiene a nosotros" - terminó diciendo con una sonrisa.

Irene sonrió pero volteó la cara para no dejar ver que estaba a punto de soltar una lágrima. Después de eso se fue al baño en donde se desahogó unos minutos antes de regresar a la sala con una actitud más fresca y relajada, imitando a la Carol original. Después de casi una hora manteniendo apariencias, la pareja se fue de regreso a su casa, con lo que Irene se quedó sola nuevamente, soltando un gran suspiro cuando finalmente cerró la puerta.


"Bueno, de regreso a lo que estábamos" - Irene se dijo a sí misma, mientras tomaba nuevamente los apuntes. Esta vez de manera más enfocada y sin pensamientos hormonales que se atravesaran. 

Mientras pasaba las páginas, ella seguía encontrando figuras triviales: círculos y triángulos cruzados que formaban formas que no comprendía. Algunas anotaciones cortas como "No olvidar la foto", "No olvidar capucha", al igual que un par de números telefónicos que no tenían nombre.


Luego encontró una anotación que la perturbó:

"Hoy me llevaron a ser testiga de un proceso. Alicia, una chica con la que hablé un par de veces, fue elegida así que tuvo que ir vestida con la túnica oscura. La verdad me dio miedo la forma en la que todos estaban actuando, parecían robots sin emociones. Me sentí rara pero le seguí la corriente a todos para no verme fuera de lugar. 

Alicia se paró en medio de una terraza justo afuerita del edificio y Kobro junto con otros 2 muchachos la rodearon, luego ella se mantuvo en silencio como si estuviera hipnotizada. Después solo comenzó a decir unas palabras extrañas en voz alta y de repente no sé de donde salió una luz que me dejó ciega. Cuando todo se calmó, se acercaron a ella y se la llevaron. Al día siguiente llegó una chica diciendo ser Alicia pero ni siquiera se parecía a ella. Y Alicia no se apareció más. Todo esto está bien raro."

Irene se alertó al leer esto, luego se adelantó varias páginas, hasta que encontró información importante en las últimas páginas escritas del diario:

"Mañana iremos a la explanada que está a las afueras de la estación abandonada, junto al bosque. Dicen que es mi momento y que estoy lista. Mi mamá me mataría si se entera de todo esto, pero por si acaso mi acción final es darle todo a mi abuelita Irene, aun no sé muy bien qué signifique todo.

No sé cómo sentirme. No me siento lista, y la verdad es que solamente he vista un "proceso" el cual siento que fue actuada. Aquella chica Alicia. Para mí que todo esto es actuado, me pregunto si les pagarán. ¿Me pagarán a mí también? Solo espero no ser estafada o que le hagan algo a mi abuela".

Tras leer esto, Irene se sintió inquieta. Si lo que Carol había escrito era real, significaba que todo era cierto. El cambio de cuerpo, la sociedad secreta de la que su nieta le habló, y en especial: ¿cuántas personas están en la misma situación? ¿Acaso todas han sido voluntarias? Ella simplemente recuerda despertar en el cuerpo de Carol sin haber sabido algo antes.

Se levantó, se vistió, tomó el diario y salió hacia la calle en busca de respuestas.



jueves, 17 de julio de 2025

El recogedor de basura

¿Y qué? ¿Esperas que te regrese tu cuerpo así nomás por unas lágrimas? 

Mírate nada más, mija, qué ridiculo te ves llorando con ese rostro de viejo raboverde que te cargas... Y sí, toda mi vida tuve que cargar con esa apariencia pero ya no más.

La verdad estoy muy a gusto en este cuerpo, y no pienso dejarlo. No tienes nada para ofrecerme, sigues siendo el mismo recogebasura que yo era. Todo tu dinero y el de tu familia ricachona ahora es mío, así que vete de una vez antes de que llame a MIS guardaespaldas. Dime: ¿Cuál de todos quieres que te echen a patadas? ¿Victor, el que se coge a tu mami a escondidas? O ¿Javier, el que tiene una segunda familia? Como verás ya me conozco todos los secretos y mejor de lo que tú hacías que los tratabas como sirvientes y no con respeto. 

Me da gusto ver como tus antiguos guaruras ahora te van a maltratar.


Ernesto, de 49 años, era un hombre que se ganaba la vida trabajando como recogedor de basura. 

Hace 3 semanas, mientras pasaban por una de los fraccionamientos privados de la ciudad, a Ernesto se le rompió una de las bolsas mientras la recogía, dejando un monte de basura en la banqueta. Ante esto, Julia, de 21 años, quien justo llegaba a casa de hacer ejercicio y vió lo que ocurría decidió acusar al hombre de ensuciar su vecindario y armar todo un escándalo.

Ernesto, asustado, intentó calmar a la joven pero uno de sus guardias se interpuso propinandole un golpe que le sacó el aire. Mientras él estaba en el suelo intentando recuperarse, miró que entre la basura que había tirado, brillaba algo lo cual resultó ser una moneda extrañana. Al hacer contacto con esta moneda emitió un brillo y segundos después, Ernesto se encontraba viendo su propio cuerpo desde los ojos de Julia. 

Después de esto, él fingió ser ella para ser llevada a su hogar y comenzar una nueva vida sin problemas monetarios.




martes, 8 de julio de 2025

Asunto familiar, capítulo 2

Capítulo 1


Estaba anocheciendo, en un día con cielo despejado, donde poco a poco la luz de una luna llena empezaba a reemplazar la iluminación del sol.

En medio de un bosque, un grupo de personas con capuchas negras caminaban juntas de manera sincronizada. Todos tenían las manos ocultas en sus mangas mientras se dirigían a una explanada que contenía símbolos extraños pintados en el suelo. Rodeada de encapuchados, se encontraba Carol, quien caminó hasta el centro del lugar, colocándose descalza encima de los símbolos extraños. 



Ella miró a su alrededor, observando a la gente, los símbolos. Luego su mirada se quedó fija en un punto, como si hubiese entrado en un trance, cerró los ojos y alzo su rostro hacia la luna, mientras el grupo de encapuchados comenzó a entonar una especie de canto en un idioma desconocido.


- "¿Carol? ¡¿Carol?!" - La voz de la propia Carol comenzó a llamar, se trataba de Irene quien le hablaba desde su joven cuerpo, y la sacudía ligeramente con el brazo.

De pronto Carol abrió los ojos, aun seguía dentro del cuerpo de Irene. Estaban en un Uber en camino a casa de Gabriela pero se había quedado dormida. Había estado soñando, o quizás recordando.

- "¿Qué? ¿Dónde? Oh, ya recuerdo, vamos a casa de mamá, quiero decir, de tu mamá" - Carol dijo mientras bostezaba y se aclaraba los ojos.

En el camino, al chofer le sorprendió ver que la abuela parecía comprender mejor la tecnología que su joven nieta, pues fue Carol quien pidió el servicio desde su celular. Y también le sorprendió que la joven tuviera mejor conversación, recordándole a sus tías. Incluso el chofer llegó a hacer una broma respecto a que las dos estaban invertidas, lo cual hizo que ambas sonrieran nerviosamente.

Al llegar a casa, Gabriela les abrió la puerta. Se llevó una gran sorpresa al ver a quien creía que era su madre acompañando a Carol, pues ella solamente esperaba a su hija, sin embargo recibió a ambas con un cálido abrazo.

- "Mamá, no me dijiste que vendrías hoy" - Gabriela preguntó sorprendida pero alegre.

- "No, no lo tenía planeado" - Irene contestó desde el cuerpo de Carol.

- "¡Mija!, no interrumpas así tu abuela" - Gabriela respondió alterada. Carol reaccionó de inmediato y desde el cuerpo de Irene se acercó para tranquilizar a su madre, diciéndole que no pasaba nada.

Ambas mujeres intentaron amenizar el momento para evitar que Gabriela sospechara algo.

- "No pasa nada... Mamá..." - Irene dijo - "Además yo solo quería darte una sorpresa trayendo a la abuela... ya ves que no la visitamos mucho" - terminó con un tono que sonaba más como un reclamo.

- "De acuerdo. En fin, pasen, qué bueno que siempre hago comida de más, en especial cuando hago espaguetti" - Gabriela dijo mientras las 3 mujeres se acomodaban y se sentaban en la mesa del comedor.

Las mujeres empezaron a platicar. Gabriela hacía preguntas a ambas mujeres para ponerse al día, sin embargo era evidente que Irene y Carol estaban siendo cortantes en sus respuestas, en especial porque en ocasiones una complementaba la respuesta de la otra. Hasta que Gabriela hizo una pregunta que dejó calladas a ambas.

- "¿Oye hija, y cómo te fue anoche con tu grupito ese?" - Gabriela preguntó mientras le daba una mordida a su pasta.

Irene se quedó sin hablar, no sabía qué responder. En ese momento recordó la libreta de su nieta, en donde lo último que leyó fue sobre una reunión que debió tomar lugar a la noche anterior. No sabía nada al respecto, y el hecho de que Gabriela haya mencionado "tu grupito" solo significaba que era algo que Carol hacía de forma recurrente.

- "Yo... eh... todo bien, mamá, no pasó nada, lo de siempre... ya sabes" - Dijo de manera nada convincente y muy genérica, mientras comía un poco de espaguetti.

- "Sabes que no estoy de acuerdo en que te juntes con esa gente, se visten raro, aunque bueno ya eres una adulta y tú sabes lo que haces" - Gabriela la miró con el ceño un tanto fruncido, entre enojo y preocupación.

Irene solo sintió la mirada de su nieta, quien se veía igual de nerviosa que ella con la situación, lo cual hizo que comenzara a sospechar al respecto. No podía ser coincidencia haber visto símbolos extraños, una reunión "secreta" y gente que se viste raro. Sin duda sabía que su nieta estaba ocultando algo.

La comida seguía su rumbo pero cada vez le era más incómodo a ambas mujeres mantener la conversación. El ambiente comenzó a sentirse tenso, y Gabriela podía sentirlo. No sabía qué era pero sin duda algo estaba ocurriendo con las dos mujeres que tenía en la mesa. Irene y Carol solamente se echaban miradas entre cada palabra. La comida casi se terminaba y ambas solamente querían que pase el tiempo para irse y terminar el compromiso.

Sin embargo la tensión se cortó cuando llegó Mauricio, el esposo de Gabriela, quien le dio un tímido abrazo a quien creía que era su suegra y luego un beso y abrazo fuerte a quien creía que era su hija. Irene solo respondió un "Mauricio" a secas mientras loa abrazaban. Ella y su yerno no tenían la mejor relación pero habían sabido mantenerla de manera educada y diplomática.


- "¿Oíste eso? Me dijo Mauricio, estos jóvenes de ahora y su educación" - Mauricio le dijo a Gabriela mientras la saludaba con un corto beso en la boca.

- "Sí, cada día se ponen más raros, ¿no crees, mamá?" - Gabriela preguntó.

- "Yo creo que cada día la vida se pone más rara, si me lo preguntas" - Carol respondió desde el cuerpo de su abuela.

Luego de eso las mujeres se levantaron y se disponían a irse, pues Mauricio les comentó que el albañil que iría a trabajar mañana se adelantó para ir hoy y necesitaban el espacio. Carol e Irene se despidieron, agradeciendo ambas en el fondo por la suerte que habían tenido.

Nuevamente Carol pidió un Uber desde su celular, aunque el brillo era muy fuerte para su visión vieja, ella alcanzó a pedirlo para regresar a casa. En el camino, Irene le pidió a su nieta que le enseñara a utilizar el celular y las apps pues no quería seguir viéndose tan anticuada al tener una apariencia tan joven.


En casa de Gabriela, ella se acercó a hablar con su marido mientras supervisaba al trabajador que estaba en su casa.

- "Estoy preocupada por Carol" - Gabriela le dijo mientras pasaba un brazo alrededor de Mauricio.

- "¿Por qué lo dices?" - Mauricio le dijo un poco extrañado.

- "¿No la viste hoy? Estaba rara, siento que algo le está pasando y no nos quiso decir, y ella me cuenta las cosas".

- "No debe ser nada grave, flaca, a lo mejor solo tuvo un mal día. A todos nos pasa".

- "No, no es eso. Se estaba portando muy raro, andaba muy misteriosa, y también mi mamá tenía algo, ya sabes que ella habla hasta por los codos y estuvo muy cortante".

- "¿No se te habrá olvidado su cumpleaños?" - Mauricio preguntó de manera ingenua, a lo cual Gabriela reaccionó levantando una ceja de manera juzgona. - "¿Anivers... o alguna fecha en especial? Ya ves que ella es muy detallista, flaquita." - Mauricio continuó tratando de arreglarlo antes de que su mujer se enojara.

- "No, Mauricio, no se me olvidó su cumpleaños, aun falta medio año para eso" - Ella respondió con un tono enojado mientras retiraba su brazo de los hombros de Mauricio.

- "Oh, bueno yo solo decía. Aunque ahora que lo mencionas sí estaba rara, por primera vez en la vida sentí que no me juzgaba con la mirada, incluso cuando la saludé ella puso su brazo como si quisiera abrazarme. Ella nunca había sido cariñosa conmigo, y mira que llevamos más de 20 años siendo familia".

- "Lo sé, amor, y por el contrario nuestra hija estaba distante, me di cuenta que cuando la saludaste de beso ella casi quita su cara para no besarte. ¿No le habrás dicho algo que la enoje?"

- "Claro que no, flaca, ella no es ninguna niña pequeña para que yo ande regañando, además no había hablado con ella desde hace días".

- "¿Estará enojada por algo? Ay Dios, debería llamarle o visitarla" - Gabriela dijo preocupada.

- "Ella estará bien, yo creo que deberías preocuparte más por tu madre, ya a su edad no podemos confiarnos de su salud mental" 

- "¡¿Qué dijiste de mi mamá?!" - Gabriela preguntó exaltada.

- "No, nada. Solo decía... mejor llámale a tu madre o no sé, haz lo que quieras" - Mauricio dijo mientras caminaba hacia el cuarto para huir de una posible discusión provocada por su imprudencia.


Al llegar a casa de Carol, ambas mujeres se dirigieron a la cocina. Carol abrió su refrigerador y sacó una botella de agua la cual comenzó a tomar como si no hubiera tomado agua en un día entero. 

- "Hija, hay algo de lo que quisiera que hablemos" - Irene le comentaba mientras su nieta tomaba un sorbo tras otro.

- "Sí, dime, disculpa abue es solo que siento mucha sed"

- "Lo sé, hija, una se acostumbra. Cuando llegas a cierta edad tu cuerpo ya no es el mismo. Pero mínimo deberías servirte en algún vaso, por educación".

Carol le hizo caso, sacó un vaso de vidrio y lo llenó de agua. - "Entonces dime abu, ¿de qué quieres hablar?" - Le preguntó mientras comenzó a tomar el agua de manera más pausada.

- "Es respecto a esos amigos que mencionó tu mamá" - Irene le empezó a decir cuando Carol escupió el agua, atragantándose. La abuela comenzó a asistir a Carol, quien después de unos minutos se pudo reponer.

- "¿Qué? ¿Qué amigos? No sé de qué hables" - Carol le decía mientras recuperaba el aliento y se aclaraba la garganta.

- "Tú sabes bien, Carolsita, tu madre mencionó unos amigos que se visten raro" - Irene le dijo de manera más seria.

- "No, no es nada. Ya sabes cómo son las mamás, todos son raros y malos para ellas" - Carol intentó disuadir a su abuela, pero la mujer era testaruda como su edad, cruzó los brazos y la miró como toda madre que regaña a su hijo.


Carol no podía resistir la mirada regañadora que venía de los que eran sus ojos, y después de terminar su vaso de agua lo asentó en la meseta y se sentó en un sillón, donde dio un fuerte suspiro.

- "Bien, lo que mi mamá decía es un grupo con el que me junto cada 15 días".

- "¿Y bien? ¿Qué hacen o qué?" - Irene preguntó aun con los brazos cruzados.

- "Nada, solamente platicamos y ya" - Carol respondió con la voz nerviosa.

- "¿Y ya?" - Irene cuestionó levantando una ceja.

- "S.. sí" - Carol decía mientras frotaba las manos de forma nerviosa. Irene se percató de esto y bajó los brazos para acercarse a su nieta.

- "Hija, puedes contarme lo que sea, y más ahora que estamos así. Tenemos que descartar todas las opciones" - Le dijo con una voz más dulce mientras le sujetaba las manos. La sensación de sus antiguas manos arrugadas le resultaba extraña ahora que tenía las tiernas y delicadas manos de Carol.

- "Yo... eh, bueno, es solo que no sé ni por donde empezar" - Carol decía mirando al cielo, en busca de las palabras adecuadas para contar lo que tenía en mente.

- "Puedes empezar por contarme cómo se llaman, o cómo los conociste" - Irene le dijo con una sonrisa.

- "De acuerdo. Todo empezó hace unos meses, estaba navegando por unos foros de internet, buscando todo tipo de cosas, ya sabes..."

- "No, no sé qué hacen ustedes en internet, no le entiendo a esos aparatos".

- "Bueno, en internet puedes buscar todo tipo de cosas, y en verdad digo todo" - Carol dijo haciendo énfasis en Todo.

- "Ya hija, dime sin tanto rodeo".

Carol hizo una pausa de unos segundos y luego miró fijamente a su abuela a los ojos en un gesto de honestidad.

- "Encontré personas que pueden hacer que cambies de cuerpo". 


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