— Por favor, que esto se detenga, ¡por favor! ¡Auxilio!
Brenda gritaba desesperadamente con todas sus fuerzas, sin embargo su boca no emitía ningún sonido, y su rostro reflejaba una mirada lujuriosa que contrastaba totalmente lo que ella estaba sintiendo.
La mujer solo miraba con impotencia cómo su cuerpo actuaba por cuenta propia, rezando por despertar de esa pesadilla, pero todo parecía y se sentía real.
Hasta hace un par de horas, la mujer se encontraba llegando a casa luego de ir al supermercado. Mientras bajaba las bolsas de su camioneta, un hombre se acercó ofreciendo ayuda para bajar la compra, a lo cual Brenda accedió pues estaba algo cansada.
Una vez terminaron de meter las compras, Brenda le ofreció un poco de dinero al hombre para pagarle por su ayuda pero él lo rechazó.
— Anda, tómalo, es lo menos por ayudarme — Brenda le insistió, estirando su mano con el billete.
— Lo siento, pero eso no me sirve — el hombre dijo en un tono serio mientras miraba a Brenda de pies a cabeza.
La mujer notó la mirada del sujeto y retrajo su mano — De acuerdo, entonces supongo que ya puedes retirarte — le dijo con un tono que denotaba precaución y temor en el fondo, mientras caminaba lentamente hacia la puerta y le señalaba la salida — por favor.
El hombre comenzó a caminar detrás de ella, sonrió al sentir cómo la mujer abría la puerta con la mano un poco temblorosa, y fue entonces cuando decidió hablar nuevamente:
— Dije que no quería tu dinero, pero sí quiero algo de ti — Dijo mientras se lamía los labios.
Brenda abrió los ojos del susto y le exclamó al hombre salir inmediatamente de la casa, sin embargo el hombre metió una mano a su bolsillo y sacó un amuleto que comenzó a brillar. Brenda, asustada, comenzó a gritar pero el hombre rápidamente le tapó la boca con una mano y usando su otra mano colocó el medallón en la frente de Brenda, haciendo que los ojos de la mujer brillaran con la misma intensidad que el objeto.
Al mismo tiempo el hombre comenzó a convertirse en una especie de humo que se introdujo por la boca de Brenda. Y una vez que el hombre se introdujo por completo, el brillo en el medallón y los ojos de la mujer se detuvo.
— Tu cuerpo, perra, eso es lo que quería de ti, ¿tan difícil era cooperar? — El hombre dijo a través del cuerpo de Brenda, mientras cerraba la puerta y caminaba hacia la sala, mirando su cuerpo en el espejo.
El hombre se quitó la ropa, quedándose desnudo y pasando sus manos por su cuerpo, sintiendo placer desde el primer instante en que sus dedos tocaron su vagina robada, haciendo que comience a jadear y luego soltar un gemido que se escuchó por cada rincón de la casa.
Después de su sesión de autoexploración, el hombre tomó el celular de Brenda y llamó a un número desconocido.
— Cabrón, ya estoy dentro — el hombre dijo con una sonrisa victoriosa mientras acariciaba uno de sus pechos — sí, te dije que poseer a esta pendeja sería muy fácil. En fin, te mando la ubicación y nos vemos en una hora.
Tras ese tiempo, un sujeto tocó a la puerta.
— Pasa, dejé abierto — La voz de Brenda dijo, mientras la puerta se abría y un hombre alto y con un cuerpo atlético entraba. — Hmm, ¿cuerpo nuevo? — Preguntó el hombre en el cuerpo de la mujer.
— Sí, te dije que el otro vato ya me había aburrido, este tiene más dinero y un auto del año — Dijo con una sonrisa burlona. Luego caminó hacia el cuerpo de Brenda y ambos comenzaron a besarse. — Qué rica blusa — el hombre observó. El cuerpo de Brenda llevaba puesto ahora una blusa escotada en donde resaltaban sus pezones al no llevar nada abajo.
— Lo sé, la encontré en su closet y me veo exquisita. Ahora vamos a lo que truje, guapo — El hombre en el cuerpo de Brenda dijo, luego de eso se arrodilló y se quedó mirando al otro sujeto con absoluta lujuria.
Los dos sujetos no perdieron el tiempo y comenzaron a hacer juegos eróticos con su par de cuerpos robados. Se trataba de una pareja de amigos que habían encontrado un par de amuletos que les permitían poseer cuerpos ajenos y los utilizaban para disfrutar otras vidas de manera temporal. En un inicio robaban cuerpos del mismo sexo, pero luego de que uno de ellos experimentara poseyendo a una mujer, no hubo vuelta atrás, y ahora ambos se dedican a tener placer en los cuerpos que encuentren más atractivos.
Lo que ellos ignoraban es que el amuleto permitía poseer otro cuerpo, sin embargo la víctima permanecía consciente todo el tiempo, por lo que tanto Brenda como el otro hombre podían ver cómo sus cuerpos tenían sexo entre sí sin poder hacer nada al respecto.

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